Polarización en Chile: ¿Locke o Rousseau?

En
el último tiempo hemos podido observar cómo nuestro país ha tomado un
clima polarizado respecto de los acuerdos, problemáticas y demandas
sociales canalizadas a través de la política, más aún, los poderes del
Estado parecen en ocasiones sucumbir ante la presión pública y
comunicacional suscrita por diversos agentes respectivos, incluso, los
propios partidos políticos que están llamados al diálogo y discusión
congresista sobreestiman su poder y autoridad legal enajenando el
equilibrio, tolerancia, fraternidad y libertad, claro, todo por mantener
viva una agenda política por sobre una escucha plausible y transversal
respecto de sus ciudadanos y contribuyentes que, dicho sea de paso, son
los que realmente financian el aparato estatal denominado Estado, por
consecuencia, mi columna de la semana se titula “Polarización en Chile:
¿Locke o Rousseau?”.

Primero,
hablar de Ideas en la modernidad, sin duda, sugiere estrujar la
filosofía política de aquellos pensadores que nos preceden en la
historia universal, tal es el caso de John Locke y Jean-Jacques
Rousseau, intelectuales que continúan estando presentes en el debate
político y público del siglo XXI, Chile, no es excepción a la regla.
Locke (1632-1704) encausa una de las mentes más influyentes el empirismo
inglés y conocido como el “Padre del Liberalismo Clásico”. Este
filósofo sostiene la libertad natural de la persona como el fundamento
de la sociedad políticamente organizada. La tesis que el autor expone
argumenta que esa libertad se expresa como pacto o contrato para
instituir la sociedad política o Estado y como decisión mayoritaria para
adoptar un régimen político o de gobierno. Locke, cree que el gobierno
absoluto nunca puede ser legítimo, porque, a su juicio, el absolutismo
es peor que el estado de naturaleza. De forma muy resumida, podemos
decir que, desde el punto de vista de Locke, el gobierno sólo puede
surgir del consentimiento de las personas a él sujetas. En otras
palabras, el propósito de Locke era formar un individuo moral en lo
personal y responsable en lo social. Este rechazó la monarquía absoluta
que, en términos de Hobbes, suponía la primacía de un poder ejecutivo
(fuerza), que produjese, a la vez, la ley (poder legislativo) y
administrase las penas (poder judicial). Por otra parte, considera que
la existencia de Dios también se deduce de la experiencia (y no de un
sofisma cartesiano que parte de la idea innata de Dios para demostrar
que se corresponde necesariamente con un ser que existe realmente). Para
Locke, en materia de religión, la categoría Dios no es un problema sin
salida, por el contrario, y, bajo el paraguas del liberalismo, dirá que
toda creencia es válida desde el respeto y tolerancia suscitada en la
sociedad, o sea, todos pueden creer lo que quieran, pero, no establecer
un régimen religioso oficial para dicha sociedad aludida; esto es lo que
en los siglos posteriores trabajará J. Rawls. Por último, el pensador
inglés sostenía que todos los seres humanos tenemos por naturaleza una
serie de derechos por el simple hecho de ser personas, por ejemplo: el
derecho natural de todos los seres humanos a la vida, a la libertad y a
la propiedad.

Segundo,
J. J. Rousseau debe ser el intelectual por excelencia de la denominada
Revolución Francesa (1789), este nació en Ginebra, Suiza, el 28 de junio
de 1712. Una de las obras más importantes de Rousseau es el “Contrato
social. Este, trata principalmente sobre la libertad e igualdad de los
hombres bajo un Estado instituido por medio de un contrato social. Esta
obra brinda elementos para entender la idea de que la educación está
bajo las normas del Estado y que, por tanto, este debe garantizar la
educación pública. Hablando de educación, en el mismo año, 1762,
Rousseau publicó otra de sus obras: “Emilio, o de la educación”,
considerada la mejor y más importante de sus obras. Su premisa está
sujeta en que, el cauce natural de las cosas es lo que debe guiar el
desarrollo del hombre desde su nacimiento hasta su vida adulta
conduciendo al niño a partir de sus impulsos naturales y espontáneos que
la experiencia cotidiana le irá proporcionando. Además, el filósofo
contribuyó en la aparición de nuevas teorías y modelos de pensamiento;
definió los principios básicos de cualquier sistema democrático; propuso
el derecho como la principal fuente de orden en la sociedad; estableció
la libertad como valor moral; construyó una percepción positiva del ser
humano; desarrolló una nueva pedagogía; instituye una filosofía de vida
ética. Es así como es posible resumir que, debido a sus aportaciones,
Rousseau llegó a ser considerado como uno de los principales líderes
intelectuales que hizo una participación dentro de la Revolución
Francesa, puesto que sus pensamientos formaron las bases para el inicio
del Romanticismo, además de permitir el inicio de nuevas teorías
filosóficas como la liberal, republicana y democrática.

Tercero,
los filósofos en cuestión continúan tensionando y estando presentes en
el debate público, tal vez, de manera velada, pero, izando la bandera de
la filosofía política indiscutidamente. Por un lado, tenemos la
libertad, ella fue entendida por Locke como aquel fundamento de la
sociedad organizada; el filósofo rechaza el absolutismo como modelo
legítimo, incluso, ve en el ser humano la responsabilidad personal
frente a lo social y moral, además, en materia religiosa, cada uno puede
creer en lo que estime conveniente, por ende, se distancia de una
religión oficial para lo que entendemos hoy en día como Estado
confesante y no laico. ¿Qué tanto de esto se cumple en Chile? ¿Es el
liberalismo clásico de Locke viable en la actualidad? ¿Por qué si aquí
se esbozan libertades para el ser humano la ciudadanía prefiere estar
“amarrada” a un Estado casi como mirando al “invisible”? Son preguntas
que surgen de un libre pensador, columnista y escritor apasionado por el
respeto a toda subjetividad que compone la sociedad civil de nuestra
nación.

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