De cara a las elecciones del año 2020, el cual además marcará el debut de las elecciones para elegir gobernadores regionales sumado a los tradicionales comicios de alcaldes y concejales, lo cierto es que el denominador común es la incerteza. Existe incerteza respecto de lo que pueda ocurrir con la elección de gobernadores. Existe también incerteza respecto a qué sucederá o, dicho de otra forma, de qué forma se reacomodará el mapa tectónico de la política nacional ante una orfandad completa del espectro centrista y la polarización excesiva de las coaliciones políticas. Mientras la Nueva Mayoría es incapaz de encontrar el rumbo, y todo pareciera apuntar a que deberán (una vez más) recurrir a su salvadora Bachelet el oficialismo, aún con dos años de mandato por delante, no ha podido aprovechar la parsimonia de la centro izquierda cayendo en una serie de errores no forzados, disputas por cuotas de poder y egoísmos innecesarios. A esto debemos, necesariamente, incorporar la variables de aumento de la desconfianza la cual podría perfectamente traducirse en una desafección histórica marcando nuevos récords en cuanto a la baja participación en las urnas, más aún en contexto donde la promesa por reponer el voto obligatorio ha quedado en nada debido a la incapacidad legislativa de nuestros congresistas. Estos últimos, dicho sea, se han esmerado en dilapidar el aumento de escaños, con el obsceno costo que conlleva financiar a Diputados y Senadores, además de sus equipos, generando que una incipiente mayoría ciudadana se manifieste por volver a la representación original o, inclusive, disminuir aún más el número de representantes en el Congreso. Porque, justificado o no, todo hace pensar que esta subida de escaños no ha servido para mejorar la calidad de la política, de nuestra democracia, sino más bien todo lo contrario. Ahora bien. Como ciudadanos debemos reconocer que hemos permanecido más bien impávidos e indiferentes ante estos hechos, ante cada noticia que sólo acrecienta nuestro malestar con la clase política. En muchas ocasiones la pregunta es obvia: ¿De qué sirven nuestros políticos? Meter a todos en el mismo saco sin lugar a dudas representa una injusticia. Probablemente usted conozca a algún político que en verdad represente y se la juegue por las necesidades de sus votantes, de su comunidad, con el compromiso y las competencias requeridas para ello. Mientras, en el inmediato, es altamente probable que sigamos siendo testigos de más de algún bochorno, o salida de libreto, por parte de personeros tanto del gobierno, del oficialismo y de la oposición. Porque sepa usted, mi buen lector(a), que bien lo dijo alguna vez el antipoeta Nicanor Parra: “Izquierda y Derecha unidas jamás serán vencidas”. En base a lo anterior bien cabe pensar que nada va a cambiar o a mejorar, lo cual no sería necesariamente veraz, o tal vez sí. A estas alturas, y en virtud de los hechos más que las proyecciones, no hay nada claro salvo una cosa: independiente del color político cada día, todos los días mientras tengamos vida, los ciudadanos deberemos seguir trabajando para intentar sobrevivir a esta realidad paralela, desconocida para el mundo político, llamada vida real.