Política y Cocina

La cocina, la política y los políticos son imprescindibles en la vida ciudadana, tanto así que, se dice el emperador romano Domiciano (Tito Flavio Domiciano – 81 al 96 d. c.) convocó al Senado para debatir cómo guisar un enorme phasianos aqualitis o faisán marino. Su exquisita carne y la elegancia de sus formas no dejan dudas sobre el pez, se trataba de un pescado que hoy conocemos con el nombre de rodaballo. La política como uno de los más elevados productos de la cultura, no hace mal en preocuparse de la buena mesa, se dice que es -uno de los mayores símbolos de civilización – pero, también debe ocuparse de la economía, las artes, la educación y del trabajo, entre otras materias. Recomiendo leer, “Cocinas del mundo. La política en la mesa” (Editorial Fundamentos. Madrid, 2000). También se dice con fuerza, que la cocina y la política pueden ser dos grandes pasiones. El arte culinario y la política – el arte de lo posible – al parecer tienen ciertas coincidencias, ambas exigen conocer, saborear y distinguir, por ejemplo en la cocina hay que saber distinguir entre la longaniza y el chorizo. La primera está hecha de carne de res y la segunda de una mezcla de cerdo y vacuno, aunque a veces también de una molienda de ambos de dudosa procedencia. En política son apreciables y bien considerados el dialogo y la capacidad de convocar acuerdos, pero no cualquier  transacción, acomodo, o bien seguir recetas que en algún momento pudiesen haber sido efectivas. Las sociedades cambian,  son un entramado complejo y difícil de interpretar, como el momentum histórico sin parangón que vive nuestro país.  Al igual que en  las leyes de la física se debe considerar la cantidad de masa social  y la velocidad con que  se mueve. (Momentun – las tres leyes del movimiento de Newton). Los tiempos actuales exigen humildad, reconocimiento, conmiseración y nuevas formas de trato, basados en un  fin último el “bien común” por lo cual no es necesario, útil y prudente situarse en una especie de escalón moral superior, como si la divina providencia hubiese erigido a algunos para regir los destinos del país y decidir qué es lo bueno para los demás. Es un momento que requiere dejar el sentimiento de iluminación, considerando además precisamente,  que en política no existen verdades absolutas. Volviendo a la analogía entre cocina y política, al parecer en ciertos periodos la cocinería funcionó, pero los guisos al parecer se fueron fermentando y tomando un gusto avinagrado. La receta de las “pensiones”, siguió con los mismos ingredientes, con ciertos aderezos  especiales que no mejoraron el platillo. El “guiso de la educación” se adobó con especies exóticas como el CAE, plato que resulto ser más caro que la langosta. “La Salud”, un platillo que ha sido preparado a fuego lento, tanto así que hay personas que se mueren esperándolo. Pero en fin,  se puede seguir con otros “chupes”, normalmente todos servidos en pocillos individuales,  que no resultaron ser de buen sabor. Algunas “carbonadas de proyectos sociales”, sin lugar a dudas resultaron y mejoraron sustancialmente la calidad de vida, contribuyendo a buena la mesa, hicieron en buena hora saborear y apreciar aromas a muchos, pero a medida que se afina el paladar, también los comensales se ponen más  exigentes. En política hay que tener cuidado con las recetas de tiempos pasados, porque la olla puede acumular demasiada presión.

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