Política y políticos

Desde
hace unos 15 días, cuando en una entrevista en el diario la Tercera
anuncié que votaría en contra del cuarto retiro del 10 por ciento, he
recibido todo tipo de presiones, cuestionamientos, amenazas, pero
también muchos mensajes de apoyo que valoro enormemente y que agradezco
de todo corazón. Pese a haber transparentado mi decisión, parece que
muchos colegas pensaron que finalmente iba a cambiar de posición, aunque
ignoro qué los hizo pensar aquello.

Durante
toda mi trayectoria en el Congreso, que ya suma 16 años, la edad de mi
hija mayor, siempre he tratado de actuar con seriedad, sopesando cada
una de las votaciones que he realizado, primero como diputada y luego
como senadora. Seguramente en más de una ocasión me puedo haber
equivocado, pero siempre lo hice de buena fe y pensando en el bien
superior del país y en el impacto en la vida de las personas. Así fue
con la extensión de posnatal de seis meses, con el aborto en tres
causales y con la Ley Nacional del Cáncer, por dar solo algunos
ejemplos.

El
Congreso al que llegué siendo mucho más joven e inexperta ha cambiado
mucho. No estoy diciendo que todo era perfecto y que no había
actuaciones indebidas o conflictos de interés que hoy serían
inaceptables, pero sí había un respeto por el disenso, se valoraba la
argumentación y, la política del todo vale, aún no lo inundaba todo. Un
dato no menor es que todavía no existían las redes sociales y su
implacable tiranía donde no hay espacio para la argumentación, menos
para el diálogo, pero donde abundan censores que, amparados en el
anonimato donde suelen actuar los cobardes, se erigen ya no solo como
jueces, sino también como verdugos.

Aquellos
que lanzan la piedra y luego esconden la mano son azuzados por figuras
públicas de cuestionable ética que, a falta de la ca
pacidad
de defender de frente y con argumentos sus posturas, atizan el fuego
del odio irracional, de la furia de la patota, para dañar a quien ven
como un adversario al que no pueden derrotar con armas legitimas.

En
nuestra región tenemos buenos ejemplos de aquello. En su cuenta de
Twiter, el siempre activo diputado Karim Bianchi posteó una imagen que
encabeza con un “no me pierdo…#CuartoRetiro10XCiento #CuartoRetiroAhora”
y que remata con una imagen de sí mismo en actitud canchera con la
siguiente leyenda: “Puedo tener mis defectos, pero te garantizo que
nunca seré como la Goic”.

Quiero
agradecerle el esfuerzo intelectual al joven parlamentario, hijo de
tigre, por marcar esa oportuna diferencia entre nosotros.
Afortunadamente nunca seremos lo mismo. Yo nunca tendría la osadía de
mentirle a las y los magallánicos, disfrazando de política pública el
desfonde de sus ahorros previsionales a cambio de unos votos sin
advertirles que, por ejemplo, en el caso de las rentas vitalicias, éstas
se dañarán para siempre.

La
política es una actividad que puede dar grandes satisfacciones. No hay
nada más lindo que ver una idea convertida en ley y luego ver su impacto
positivo en la vida de las personas. Hoy la neblina del populismo no
nos deja apreciar la belleza de esta actividad, pero estoy segura que,
en algún momento, se retomará la dignidad de una actividad donde, luego
de la borrachera de las bestias, vendrá un amanecer donde volverá a
brillar el sol de las ideas y la decencia.

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