Por los derechos y la derecha

Al
leer en las redes sociales el tipo de comentarios que se hacen para
apoyar el apruebo en el plebiscito, se constata que la intolerancia, el
odio, el resentimiento, la envidia, la frustración motivan comentarios
penosos, que sólo tienen por fundamento el ataque personal, mas no las
ideas. Incluso personas que en algún momento se les tuvo por amables y
educadas, pierden los estribos e insultan o denigran a quienes piensan
distinto. Para justificarse en sus conductas se asilan en las supuestas
“injusticias sociales” cuyo reflejo más evidente fue el eslogan de “no
son treinta pesos sino treinta años” con el cual dieron inicio a la
sangrienta insurrección de octubre del 2019. Desde esa fecha hasta hoy
las condiciones sociales y económicas han sufrido un deterioro más
acusado que en los últimos treinta años y no se ha visto a ningún líder
de izquierda o anarquista protestando por las difíciles condiciones
económicas actuales. Este fenómeno ha sido muchas veces comentado, pero
no se ha tomado verdadera conciencia de la profundidad del daño que se
ha causado al país. Desde la insurrección de octubre hasta hoy Chile ha
entrado en un proceso de deterioro del cual muchas personas se resisten a
creer como permanente. Hay un porcentaje de la población que sea cual
sea el marco normativo y económico actual o futuro, piensan que el libre
mercado y una sociedad libre han sido los causantes de los actuales
problemas nacionales. Para ellos la derecha política o todo aquello que
se le acerque, es detestable, lo que se constata leyendo y viendo las
redes sociales y medios de comunicación. Así, aprobar el proyecto de
constitución tiene para ellos un sentido político, que es derrotar a la
derecha y de paso hacer muy difícil que pueda alcanzar el poder bajo
unas nuevas normas constitucionales.

Sin
perjuicio de lo anterior, cuando ya es evidente que el proyecto de
Constitución tiene graves falencias como la distinta justicia
dependiendo de la raza a la que se pertenezca; la plurinacionalidad; el
fin del estado de emergencia constitucional y la desmilitarización de
Carabineros que desmejorarán dramáticamente la capacidad del Estado para
combatir la delincuencia; cambiar la casa propia por la casa digna; y
otras tantas, quienes promueven aprobar el texto están quemando sus
últimas naves y nos presentan como la novedad del año y casi del siglo,
los “derechos sociales” contenidos en el texto. Para ellos ya poco
importa si el proyecto deja armado una dictadura legal como forma de
gobierno, si el caramelo para tragar esa comida son los derechos
sociales que venden como un hecho inédito en la historia de la humanidad
y que un país como Chile puede lograr. Y poco y nada les importa si
tales derechos no serán posibles de financiar ni de reclamar de manera
eficaz al Estado, porque el embrujo que provoca es suficiente para crear
la sensación que si lo dice la Constitución ellos se harán realidad.
Debe señalarse en este punto que si alguien quisiera demandar uno de
esos derechos al Estado de aprobarse el proyecto, su acción judicial
entrará a la fila de más de dos millones y medios de causas que tienen
los tribunales civiles en la actualidad. Esta circunstancia se asemeja
al sistema único de salud que operaría que implica que más de tres
millones de personas engrosarían las listas de espera del sistema
público.

Cuando
el proyecto de constitución es un barco fantasma navegando por el Chile
real, el Apruebo apunta a la derecha y a los derechos para intentar
convencernos que ese fantasma errante nos dará mejor vida.

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