Reactivar la economía sin las mujeres es algo impensado e involutivo social y culturalmente hablando, más aún, cuando precisamente son las mujeres que están saliendo de la fuerza laboral mayoritariamente, por obligación y no por una opción.
Los resultados de esto son dramáticos, porque al no tener trabajo remunerado se pierde la autonomía económica, impidiendo la toma de decisiones en los diferentes espacios.
Las autonomías son elementos claves y, aún más importantes, es decir, que a muchas mujeres les ha permitido salir del círculo de la violencia de género en los hogares.
“Una de las pocas ramas de actividad económica que aumentó la cantidad de personas ocupadas dada la contingencia de COVID19 fue la rama de salud (de 518.962 a 521.399 personas). Sin embargo, a pesar de ser una de las ramas más feminizadas (donde tradicionalmente trabajan más mujeres que hombres), estos puestos de trabajo fueron mayoritariamente ocupados por hombres, y la cantidad de mujeres ocupadas en salud disminuyó en comparación al mismo trimestre del 2019”.
Por otra parte, es necesario manifestar que se lamenta profundamente las abruptas salidas de mujeres trabajadoras de bastas trayectorias de algunos servicios a nivel nacional, por los recortes presupuestarios, que si bien podemos entender, la pregunta inmediata es ¿Por qué este gobierno borra con el codo, lo que dice en su discurso de forma reiterada? Por un lado inyecta recursos a un Ministerio y por otro obliga a las mujeres a la sumisión forzosa con una historia conocida por mucha de nosotras, que trae consigo el regreso a sus casas sin posibilidades de reincorporación al mundo laboral, porque no existen acciones concretas, tampoco políticas pública con enfoque de género que permitan de manera seria retomar el camino recorrido mediante tantas luchas, esfuerzos y sacrificios. ¡El retroceso es imperdonable…!