Hace
algunos días nos encontramos en el parque Hueñu- Hueñu, en la región de
los Lagos, con distintas personas, desde autoridades nacionales, a
dirigentes comunales de los lugares más extremos del país. Se trata del
Encuentro Nacional de Vinculación Social (ENVIS), que se ha convertido
en un evento anual de gran relevancia en Chile, congregando a una masiva
muestra de los habitantes del país, en un espacio que busca fomentar el
diálogo, la colaboración y la confianza entre personas de diferentes
ámbitos y trayectorias.
Este
encuentro se erige como un punto de conexión único, donde se reúnen
pares improbables con un objetivo común: fortalecer el tejido social del
país y contribuir a la toma de decisiones fundamentales para nuestro
desarrollo. Así, conversando en grupos variopintos, diversos, opuestos
en su opinión a veces, se va tejiendo una trama de temáticas cruciales
para el crecimiento y la evolución de Chile, con miradas distintas,
hasta lograr un lienzo colorido y a la vez armónico, como se construye
una obra de arte.
En
la quinta edición, celebrada recientemente cerca de Ensenada, se
enfrentó el desafío de reflexionar y buscar soluciones a la amenaza del
cambio climático y a la urgente necesidad de abordar la sostenibilidad y
el crecimiento económico del país, de manera equilibrada y armoniosa.
Cruzando conversaciones ordenadas y facilitadas, entre tantas personas,
se va produciendo una oportunidad invaluable para visibilizar realidades
locales, dificultades de otros, que para muchos pueden ser pequeñas y
fáciles
de solucionar, pero de las cuales no se tenía conciencia, naciendo así
compromisos de colaborar, aportar, entregar conocimientos y poner a
disposición tiempo y voluntades.
Esto
implica asumir colectivamente las carencias y problemas, hacer nuestros
los de otros, y visualizar juntos, posibles soluciones. Al reunir a
personas con perspectivas diversas, se nutre un espacio propicio para la
construcción de un “sueño país”, un ideal compartido que aspira a
forjar un Chile más solidario. Al convocar a actores clave de la
sociedad chilena, así como a representantes de comunidades olvidadas, se
convierte en un catalizador para compartir los dolores, necesidades y
entender mejor aquellos que viven circunstancias muy diferentes, muchas
veces desconocidas.
El
intercambio de ideas impulsa la acción colectiva, y mueve hacia una
colaboración entre pares improbables, que jamás se hubieran encontrado y
nunca hubieran sostenido este tipo de conversación. Cada uno, en este
espacio de inspiración donde la diversidad de pensamiento se convierte
en la base, se sintió movilizado a comprometerse: consigo mismo, con su
comunidad, con su emprendimiento, con su empresa y con su país. Ese
sentido colectivo inundó el parque y se comprendió entonces el porqué de una conversación de 1.500 personas.