¿Por qué disparar contra la masa pacífica?

El acuerdo logrado hace unos días por el Congreso en torno a una nueva Constitución Política para Chile otorgará un poco de calma a nuestra convulsionada sociedad. Las manifestaciones de los chilenos fueron siempre pacíficas y a pesar de ello las fuerzas represoras se mostraron implacables para disolverlas. Las jefaturas de los piquetes no controlaron a su gente y arengaron y permitieron que se cometieran las aberraciones que hoy se destacan en todos los medios nacionales y extranjeros. ¡Simplemente se les pasó la mano!
No hay excusas en esto. Mientras desde el Palacio se exacerbaba la acción violentista de los saqueadores, fueron cayendo montones de heridos por perdigones con lesiones en las piernas y en los rostros, mutilando la vista a numerosos inocentes. Al cabo de 4 semanas se condena el actuar desmedido, pero se reafirma por el alto mando que los balines son de goma y no de relleno metálico como el que han extraído desde las miles de heridas. Si así fuera ¿Quién entonces está disparando contra los manifestantes? ¿Son balas no autorizadas? ¿Quién las distribuyó entre las fuerzas? Hay necesidad de responder de manera sincera a la inquietud de la gente. El que tiene metal adentro de su cuerpo sabe que no es goma.
¿Por qué no se les dio duro a los saqueadores, al ejército de lumpen pagado por los carteles de la droga a los cuales, parece, hay orden de no reprimir?
¿A quién le sirvió tanta destrucción y vandalismo? Ya aparecerán informes para detectar cómo se originó el desastre de Santiago y saber por qué una escalera de incendio o las estaciones del metro se quemaron de la extraña manera que vimos. Se especulará sobre los seguros y como (al igual que en la Araucanía) algunos se habrán aprovechado para destruir lo viejo y reemplazarlos por algo más moderno. ¿Cuántos negocios en decadencia podrán rearmarse desde sus cenizas gracias a los seguros? ¿Cuánta droga anduvo circulando por las calles aprovechando el entretenimiento policial?
Los focos violentistas estaban identificados y se les permitió actuar. En vez de dejar a la ciudadanía gritar su rabia en paz, prefirieron intentar amordazarlos con gas irrespirable, lumas y balas que, a muchos, les cambiarán la vida por siempre, y a los verdaderos delincuentes se les permitió seguir libres para sus “negocios”. Nadie quería la destrucción de Chile, pero el error de cálculo inicial lo volvió irrefrenable. Imperdonable.

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