¿Por qué escribir una Constitución con paridad?

Enhorabuena
el 8 de marzo dejó de ser sólo una fecha conmemorativa del Día
Internacional de la Mujer, y se convirtió en una fecha de movilización,
de simbolismo y de relevación absoluta de una serie de justas demandas
que han levantado las mujeres de nuestra región, nuestro país y del
mundo.

Las
cifras hablan por sí solas, los datos de violencia contra la mujer
siguen en números aborrecibles, la desigualdad laboral es implícita, y
tiene su rostro en que una mujer por hacer la misma función que un
hombre gana en promedio un 16% menos. El parlamento si bien subió su
cantidad de mujeres, se mantiene es tres cuartas partes compuesto por
hombres, los directorios de empresas públicas y privadas siguen dando
cuenta de un país que no abre los espacios para que las mujeres lideren.
La realidad es dramática, y Chile sigue sin cubrir con la magnitud que
se requiere este tema.

Afortunadamente
la Convención Constitucional, por mandato ciudadano será paritaria, y
en un hecho único en el mundo se constituirá un órgano constitucional
con igual cantidad de mujeres y hombres, lo que, sin duda, abre una
posibilidad irrepetible de p
oder relevar estos temas y poder consagrarlos a nivel constitucional.

Esto
abre una serie de temáticas que tienen esperando años ser abordadas,
como la paridad en cargos de poder, para que las mujeres estén realmente
representadas, una agenda seria y profunda para eliminar la violencia
de género en t
odos
los aspectos de la vida. Una ausente, pero necesaria distribución
equitativa de la crianza y los cuidados de los niños y niñas. Políticas
públicas que sitúen en el centro el enfoque de género, promover una
constitución que consagre la eliminación de brechas salariales entre
hombres y mujeres, resguardando las necesidades de todas, madres y
trabajadoras al cuidado de adultos mayores.

En
resumen, la paridad y equidad de género es algo que debe cruzar
absolutamente todo el articulado constitucional, consagrando el derecho a
la igualdad, pero con una perspectiva que también reivindique todas las
desigualdades de las cuales las mujeres han sido y siguen siendo
víctimas.

Nuestro
género, en este sentido, debe no sólo iniciar y ser parte de un proceso
de deconstrucción para eliminar los machismos de los cuales somos
reproductores, sino que debemos enfrentar en lo político, estos y otros
temas con toda la apertura que sea requerida, asumiendo que producto de
la posición de privilegio en la que nos hemos encontrado históricamente,
no debemos ser diques de contención para los justos avancen que en días
como hoy, son demandados en muchos rincones del mundo.

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