¿Por qué no dar las gracias?

¡Gracias! ¿Recuerda usted cuándo fue la última vez que las expresó? ¿Fue hoy? ¿Recuerda a quién y por qué?


¡Gracias! Expresión tan valorada y tan poco brindada. El individualismo
que se ha asentado en estos tiempos, estimo, es en buena medida la
razón de tan poca práctica. La suficiencia de las personas en sus
actuaciones, si no la vanidad han incidido en no expresar de manera
graciosa, amable, la satisfacción de un simple proceder del que somos
beneficiados.

¡Gracias!
¿Por qué no darlas, por qué negarlas? Lo que hacemos, lo que decimos
normalmente tiene un destino, un destinatario, un propósito, es algo
natural. Todos lo hacemos, y es un ejercicio que es de ida y de venida,
es decir, todos, todos nos beneficiamos de manera directa o indirecta de
lo que se dice o decimos, de lo que se hace o hacemos en nuestro
habitual departir, compartir o convivir.

¡Gracias! Siempre, sí, siempre las debemos o las quedamos debiendo.

En
este tiempo de crisis sanitaria mundial, en nuestro propio convivir, en
el de nuestro país, percibo que la expresión de gratitud también está a
la baja. ¿Alguna expresión nuestra, alguna acción o reacción nuestra no
ha de ser digna de un “gracias”? No creo que todo sea tan malo, o que
esté todo mal o tan mal. Nadie es per se malo. Algo, algo ha de merecer
un ¡gracias!

Y,
aquí va mi reconvención directa. ¿Por qué no dar las gracias? Estimo
que más de algo que decimos es merecedor de un ¡gracias! gentil, más de
algo que hacemos es digno de un atento ¡gracias! Y ¡ojo! que creo que
nada hacemos intencionalmente para aguardar la expresión de gratitud
donada.

¿Por
qué no dar las gracias? Tantas y tantas ¡gracias! que han quedado
silenciadas, olvidadas, mas lo ingrato es aquella expresión de gracias
negada o no dada.

Dar
las gracias es no solo buen gesto de humanidad, de solidaridad, de
compañerismo, de fraternidad, es también el principio de soldar,
cimentar lazos sólidos, firmes en una comunidad de personas.

¡Gracias,
muchas gracias! ¿Por qué? Porque sí, no hay un único motivo por el cual
expresar las gracias. ¡Son muchos los motivos, caramba!

La
ausencia de esta expresión de gratitud es más, mucho más necesaria en
este particular tiempo de pandemia. Nuestra sensibilidad está tocada, y
conviene ser expresivos en gratitud. Hoy se escuchan, se ven y se leen
más expresiones que lapidan, denuestan, ensucian, sepultan. Aunque
cueste, aunque les cueste, aunque nos cueste, digamos ¡gracias! Dar las
gracias es una donación, un regalo, un presente, que no requiere papel
ni cinta de colores.

Que no pase de moda dar las gracias. Es hora de cambiar. Estamos todos invitados.

Si han llegado al final de esta columna, ¡gracias, muchas gracias!

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS