Por tiempos de paz, humildad, respeto y reencuentro

Imposible
hoy, intentar escribir algo diferente o distinto al ambiente o
circunstancias que nos rodea. . . Aunque se quiera soslayar o distraer
la atención hacia algo diferente, el c
úmulo de acontecimientos nos sobre pasa e impide centrar nuestro foco en otra cosa que no sea la contingencia actual.

Es
realmente imposible quedarse con la imagen de las personas que expresan
sus legítimas demandas en paz, en contraste con aquellas que no
persiguen otro objetivo que no sea el infundir el temor, hacer daño y
generar violencia sin medir consecuencias.

Que
muchos de las personas involucradas en los incendios y destrozos de
comercios, edificios institucionales y lugares de uso público y común,
sean menores de edad, nos obliga a pensar en por qué esos niños y niñas
están ahí, exponiéndose al peligro, generando acciones violentas hacia
otros, contra todo lo que se pone a su paso.

Cuesta
mucho creer que los niños hayan decidido estar en ese lugar, que ellos
adoptaran esa determinación por su cuenta de manera reflexiva. En estos
días donde prestamos especial atención a la protección y promoción de
los Derechos Humanos, no debemos olvidar los derechos que protegen a
esos niños y niñas. Especial atención y responsabilidad deben tener
padres, tutores y líderes o dirigentes.

Un
titular que encabezaba días atrás un medio informativo hacia alusión al
estado anímico y de qué manera esta contingencia minaba, dañaba y
quebraba el alma del auténtico y genuino magallánico y magallánica, o de
aquel que ha abrazado con cariño y fuerza esta tierra que en algún
momento le abrió los brazos y le ha acogido como uno más de sus hijos
(as). Se parte el alma observar de qué manera ha sido violentada,
atropellada y saqueada en lo más íntimo de su ser.

Nuestra
Perla del Estrecho ha sido mancillada burdamente por huestes
desquiciadas que han echado afuera toda la esencia del desalmado brutal e
inconsciente. ¿Será justo, tener que pagar tan alto precio por el solo
capricho de unos pocos violentos que desean imponer su agresividad
atentando a la sana convivencia que los magallánicos cultivamos y
fomentamos en nuestro particular estilo?

¿Es
necesario agredir símbolos y elementos que se erigen y conforman la
identidad de nuestra región? ¿Quién le responderá a los afectados, a los
comerciantes, a los trabajadores que hoy no pueden seguir adelante con
sus actividades?

Ante
este triste escenario, y por la inmensa mayoría que quiere y merece la
paz, el Presidente Sebastián Piñera nos hace un llamado en torno a un
elemento que emerge desde la esencia de todo ser, revestido de
espiritualidad… “Mi Paz os doy, mi Paz os dejo…”. Cristo que es
Amor, nos comparte algo tan propio y de Él para que lo hagamos vida a
diario.

Hoy,
la región debe volver a cultivar la Paz, ejercitar nuevamente el
sentimiento del amor, cariño y aceptación del otro. La tolerancia y el
respeto, la comprensión, la humildad para reconocer que también nos
equivocamos pero que es posible enmendar. Solo basta me permitas
corregir y reconsiderar.

Chile
no se puede detener. Chile no puede perder la ruta, Chile no puede ni
debe dejar que unos pocos violentos terminen por imponer su propósito.

Las
circunstancias adversas de la hora actual no pueden, ni deben paralizar
la concreción de una senda de penetración o la construcción e
instalación de una obra portuaria en la ciudad más austral del país y
que resultará vital para generar inversiones que proyecten y vitalicen
el desarrollo de nuestra provincia. No debemos permitir que el oasis se
diluya en medio del convulsionado ambiente de quienes pretenden provocar
la sequía destructora y paralizante.

Hay
mucho que hacer y para subsanar esos déficit deben dar paso a la
estabilidad y normalidad a objeto recuperar lo perdido en estos aciagos
días de contingencia… Solo reiteramos la invitación hacerlo en Paz y
sana convivencia.

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