Quince
meses de pandemia han pasado ya, y nuestros ancianos y niños, gente
cercana y lejana, nosotros también; todos hemos sufrido en carne propia
encierros durísimos, distancias que no sabíamos que importaban y la
pérdida de ingresos hasta niveles desesperantes para muchos.
Como
toda gran experiencia, sea esta dura o mala, la pandemia nos ha
enseñado muchas cosas. Nos ha mostrado a héroes y villanos. Los que se
elevaron para ser más para el resto y los que bajaron al barro para ser
más sólo para sí mismos.
Podríamos
quedarnos en esas sensaciones y seguir congelados, expectantes y
rabiosos, o podemos usar esa energía que se acumula en nosotros para,
aprendiendo de todo esto, salir fortalecidos como personas, comunidades,
regiones y país.
Somos
muchos los que hemos visto cómo el centralismo en las decisiones
epidemiológicas ha dañado innecesariamente a aquellos que ya sufrían.
Donde una persona que viviendo en el campo, a una larga distancia de un
supermercado, se le permiten sólo dos o tres horas para comprar insumos
básicos. Faltó ahí considerar la diversidad de nuestro país, que es rico
en gente y geografía.
Es
en ese aprendizaje donde me quiero detener: tenemos que aprender a
confiar en la riqueza de nuestros conciudadanos, fomentando y apoyando
la formación de capacidades regionales, siendo la reactivación
post-pandemia un tremendo momento para lograr esto.
Por
eso es importante pensar dónde y cómo se destinarán esfuerzos y
recursos en el Chile del 2022 ¿Será priorizando la mayor densidad de
gente (Santiago) o aprovecharemos el momento para empujar hacia dónde
queremos ir?
Las
regiones -con sus comunidades, empresas y gobiernos locales- tenemos el
derecho a opinar sobre el destino, de al menos una parte, de los
recursos que aportamos. No queremos ser reducidos a una billetera, un
lugar de veraneo o un huerto de la capital. Son muchas las oportunidades
de desarrollo local que, sin requerir grandes inversiones, entregarían
futuro a nuestra gente.
Por
eso desde Un Nuevo Equilibrio (UNE) proponemos que el diseño de todo
servicio o institución se sostenga en cuatro pilares: digital,
descentralizado, autónomo y participativo. Ello requiere que el Estado
garantice la conectividad a internet y digitalice sus servicios públicos
para permitir un acceso descentralizado y ágil a todos los servicios.
Creemos que esto es fundamental para colaborar en la descentralización y
favorecer la equidad, además elimina las barreras que limitan el actuar
del Estado y potencia el emprendimiento y la innovación desde todas las
zonas de nuestro país.
Necesitamos
y queremos avanzar de forma renovada y moderna hacia este nuevo Chile.
Muchas empresas, tanto regionales como centrales, estamos tomando
compromisos reales, concisos y transparentes para, en conjunto a nuestra
comunidad, construir el nuevo relato del Chile que viene.
Tenemos
la energía y las necesidades, ahora necesitamos la visibilidad y
reconocimiento central para no destruirnos de un plumazo bien
intencionado.