En
la época de nuestros padres cuando un niño era gordito se asociaba esa
condición a un buen estado de salud; está “sanito” decían. Hoy, sabemos
que el exceso de peso sólo genera enfermedades que limitan la calidad de
vida de las personas y generan un enorme gasto en salud para el Estado.
Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), en 1960 el
37% de las niñas y niños chilenos estaban desnutridos. Actualmente, la
realidad es diametralmente opuesta y de niños desnutridos pasamos a
menores obesos.
Este
miércoles el Ministerio de Desarrollo Social y el programa Elige Vivir
Sano, presentaron un informe que da cuenta de una preocupante realidad
que, además, deja a nuestra región liderando el ránking de obesidad
nacional. Las cifras son preocupantes, un 80,2% de la población adulta
de nuestra región tiene algún grado de obesidad, mientras que en los escolares la cifra llega a un 57,3%.
¿Cuáles
serán las razones que explican estos preocupantes números en
Magallanes? Para algunos nuestro clima juega en contra pues son pocos
los meses en que se puede realizar actividades deportivas al aire libre
lo que, sumado a la falta de espacios adecuados para la práctica
deportiva durante todo el año, agravaría la situación. Quizás la
dificultad de contar con alimentos sanos como frutas y verduras durante
todo el año y su elevado precio también contribuyen a una dieta poco adecuada. Sea cuál se la causa, es evidente que tenemos un problema.
Como
señalé anteriormente, los gastos de salud asociado al exceso de peso
son cuantiosos pero lo peor son las consecuencias en la población. La
gordura incide de manera directa en la aparición de enfermedades que
pueden prevenirse como la diabetes (cada vez hay mas niños afectados por
esta patología); hipertensión arterial; accidentes cardiovasculares y
cerebrovasculares; además de la posibilidad de gatillar algunos tipos de
cáncer. Basta recordar que el cáncer gástrico es el de mayor incidencia
en nuestra región.
¿Qué
podemos hacer? Más allá de las políticas públicas que se puedan
impulsar desde el nivel central, como región debemos iniciar algunas
acciones de carácter urgente. Propongo instalar una mesa de trabajo
donde autoridades, docentes, personal sanitario y todas las instancias
que sean necesarias, revisemos las causas de estas alarmantes cifras
para ver el estado real en que nos encontramos. Luego de eso y de manera colectiva, iniciar las acciones que sean necesarias para revertir esta situación.
La
magnitud del problema no se resolverá con acciones aisladas y acotadas
en el tiempo. Atacar este problema requerirá de planes de alto impacto,
pero además permanentes en el tiempo. La obesidad es una epidemia
mundial que se relaciona con un estilo de vida y una manera de
alimentarse que no es saludable que, en el caso de los niños y niñas, es
responsabilidad de nosotros los adultos, que debemos predicar con el
ejemplo.