Ha debido bastar un levantamiento ciudadano para que las autoridades empiecen a evaluar el real sentido y alcance de los efectos que están provocando en la sociedad Magallánica con sus constantes cuarentenas.
Es loable el ímpetu que guió a nuestros pequeños empresarios magallánicos, para manifestarse en contra de las restricciones de funcionamiento, que los tenían a ellos y a su personal bajo la más profunda crisis económica.
Es destacable también la actitud que tomó el alcalde Claudio Radonich en orden a apoyar estas manifestaciones y servir como puente de los pequeños empresarios con las autoridades de Gobierno para buscar alternativas a la crisis social que estaba tomando otros colores en gran parte de nuestra sociedad. Es meritorio que contra su propio gobierno, haya decidido asumir las consecuencias y brindar asesoría, a quienes resultaron sumariados por el plan “Vamos al centro”, he aquí cuando vemos la importancia de ser consecuente por sobre la conveniencia.
Es esperable que la autoridad no vea esto como un simple tira y afloja, que nos devuelva a la misma parte donde comenzamos, como en un círculo eterno. Son las autoridades comunales y la ciudadanía quienes más pueden entregar soluciones concretas, efectivas y eficaces -ya que claro está- que desde Santiago no alcanzan a ocuparse de la realidad que se vive en esta lejana tierra.
El autocuidado y la responsabilidad, depende de cada uno. Cada quien debiera ser libre de poder elegir el camino que mejor le parezca para cuidar de si y de los suyos, porque claro está que somos libres ¿o no? Será tarea del Gobierno tomar las medidas que sean necesarias para disminuir la propagación de la pandemia, pero siempre respetando la libertad de cada ser humano de poder decidir que es lo mejor para cada uno. Será cada persona, familia y sociedad quien deberá velar por no exponerse o de hacerlo, bajo que medidas de seguridad, si desea mantener cuarentena -porque tiene los medios o la necesidad como en el caso de las personas de la tercera edad- y será el Estado el llamado a garantizarles que esa decisión se respete y entregarles los medios necesarios para que puedan subsistir con dignidad.
De no respetarse esta libertad, nuestra sociedad claramente volverá a nuevos estallidos, revoluciones, desacatos y miles de otros futuros problemas que pudieran haberse solucionado con el diálogo y el respeto a las libertades y opciones individuales de cada uno de ellos.