Primer debate presidencial

El
miércoles recién pasado se realizó el primer debate presidencial. Este
tipo de encuentros es relevante, pues muchas personas deciden su voto al
analizar a los presidenciables. Cabe destacar la ausencia de
Enríquez-Ominami y de Franco Parisi que pidieron participación virtual,
pero la televisora que organizó el programa no aceptó.

Gabriel
Boric, candidato del Partido Comunista, no pudo repetir el tipo de
participación que realizó en el debate de primarias frente a Jadue. En
esa ocasión éste no fue un rival de peso para el magallánico, que pudo
lucirse a sus anchas. Ahora el escenario cambió y se pudo apreciar a un
Boric inmaduro, casi de asamblea estudiantil en el que repite grandes
frases para entusiasmar a la audiencia, pero no a un público más
reflexivo, que busca ideas, proyectos, un relato de país, del que
evidentemente careció. A esto hay que sumarle que en todo momento evadió
enfrentarse con J. A. Kast, llegando incluso a decir “paso” a una
interpelación, al más puro estilo bacheletista. Quiso hacer una virtud
el reconocer errores, pero curiosamente todos ellos se refieren a sus
vínculos repetidos con situaciones de violencia; cuando un mismo “error”
se repite constantemente, es evidente que deja de ser “error”.

Los
líderes de la Democracia Cristiana deben estar pensando en qué estaban
cuando decidieron bajar a Ximena Rincón como candidata presidencial y
cambiarla por Yasna Provoste. No ha dado el tono ni el ancho en la
candidatura presidencial. Se le ve perdida, sin ofrecer temas relevantes
al país y por el contrario, se enreda vergonzosamente al citar como
fuente de una pregunta, a Wikipedia, quedando al descubierto de manera
descarnada su falta de preparación para estas lides y para la
Presidencia de la República. Termina enojándose con J. A. Kast,
perdiendo los estribos, algo impropio para alguien que desea ocupar la
más alta magistratura del país.

A
Eduardo Artés se le vio en su postura de siempre. Parece un viajero en
el tiempo, que viene de otra época, pre Muro de Berlín. Un candidato de
“perspectiva socialista”, como gusta señalar; es decir, del socialismo
puro y duro, que empobrece, que adoctrina, que termina con la libertad
de los pueblos. En eso está emparentado con Boric. Llama también la
atención en la escasa preparación de sus preguntas, que al igual que
Provoste, no se logra entender qué está preguntando por falta de
argumentación.

Sebastián
Sichel tratando de elevarse por encima del bien y el mal. Demonizando a
los políticos y sus reyertas, cuando curiosamente es ungido como
candidato por partidos políticos tradicionales e intenta ordenar a
parlamentarios frente a proyectos de ley, queriendo tomar el papel de
jefe de la coalición. Es decir, un candidato que se comporta como un
político de pura cepa, pero que reniega de la forma en que se comportan,
lo que es una contradicción insalvable. Tampoco dio del todo con el
tono del debate y aunque trató de poner ideas, se diluyó su discurso al
autoasignarse el rol del “buen político”. La base militante y
simpatizante de la UDI, se debe estar preguntando por qué fue ungido
como su candidato presidencial.

J.
A. Kast fue como siempre, claro y haciéndose cargo de los problemas
verdaderos del país: corrupción, estado de derecho, pensiones, orden
público, economía, todos temas que eludieron los demás candidatos. Es el
único que no usa frases hechas y dice lo que piensa. Es el único que
puede enfrentar con éxito la deriva revolucionaria actual, que viene
desde la izquierda. Por su seriedad y coherencia, el mejor en el debate.

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