Los
periodos de crisis son estados temporales caracterizados por disturbios
y desorganizaciones. En los cuales se requiere contar con pilares
sólidos para cimentar nuevas estructuras ya sean sociales y/o
individuales. Pues en estas etapas hasta se puede llegar a confundir el
bien con el mal.
Posterior
al tratamiento inhumano que se les otorgó a los prisioneros en los
campos de concentración nazis, como los experimentos realizados con
personas y otros hechos símiles, surge una nueva disciplina, llamada
Bioética, la cual está relacionada principalmente con los problemas
morales de la sociedad y el comportamiento de las personas tanto en el
ámbito de las ciencias humanas, del derecho y la salud.
La
moral es el conjunto de reglas que establecen lo que está bien y lo que
está mal en una determinada sociedad. El término moral tiene un sentido
opuesto al de inmoral. Cuando se dice que una persona actúa
inmoralmente, se quiere decir que está actuando de forma incorrecta o
haciendo lo malo. Un acto amoral se refiere a aquel donde la moral no
influye y, por lo tanto, no puede ser definido como bueno o malo. Los
actos amorales son guiados solo por la voluntad de la persona y no
consideran criterios externos en la toma de decisiones.
No
obstante, la ética es cómo la persona internaliza y actúa en
concordancia con las reglas morales. Es decir, la moral tiene un
carácter social y la ética se refiere a la bondad o maldad de los
comportamientos humanos.
Los
principios de la bioética, que se pueden emplear en cualquier área
donde se desempeñen los seres humanos, son los siguientes:
1-
Beneficencia: Se refiere a la voluntad de hacer lo bueno e incluye
siempre la acción que tiene por finalidad hacer el bien o ayudar otros.
Por ejemplo: rescatar a personas en peligro.
2- No-maleficencia: Es la obligación de no infligir daño intencionadamente a otros.
Algunos
estudiosos consideran la beneficencia y la no maleficencia como un
mismo principio. Sin embargo, la obligación de no dañar a otros; por
ejemplo, no robar, no lastimar o no matar, es visiblemente distinta a la
obligación de ayudar a otros; por ejemplo, ofrecer beneficios, proteger
intereses o promover bienestar.
3-
Autonomía: Se basa en la creencia de que cada ser humano es libre de
elegir lo que considera mejor para su vida. Este principio exige el
respeto a la capacidad de decisión de las personas y el derecho a que se
respete su voluntad en aquellas cuestiones que se refieren a ellas
mismas. Un ejemplo de esto es permitir que los jóvenes elijan las
carreras que han de estudiar en su formación universitaria.
4-
Justicia: De acuerdo a Aristóteles, la forma más simple de justicia es
aquella que se basa en lo que él llama igualdad aritmética, la cual
consiste en que cada uno de los participantes recibe la misma cantidad
de los bienes que deben distribuirse.
Si
se llegase a originar un conflicto de principios éticos, los de
no-maleficencia y justicia (de nivel público y obligatorio) están por
encima de los de beneficencia y autonomía (considerados de nivel
privado).