A
40 días de asumir la primera magistratura nacional, el Presidente
electo y su equipo se abocan a designar una serie de cargos nacionales y
regionales, pero por sobre todo a delinear las prioridades para el
primer año de gobierno. Una tarea no menor ya que a la difícil tarea de
cumplir un exigente programa de gobierno, comprometido en campaña, se
suma una contingencia que demanda la preocupación y reacción del
Mandatario y el gabinete. La economía, la seguridad y la pandemia asoman
como los temas prioritarios.
La
reforma tributaria es un pilar fundamental para los desafíos
transformadores del próximo gobierno. Indudablemente hay desafíos
sociales que son urgentes, los cuales además tienen circunstancias de
justicia e igualdad asociadas a género y medioambiente, que no pueden
ser desatendidas. Sin embargo, Boric recibe un país con una economía
dañada producto de la pandemia, aunque con ligeros síntomas de
recuperación. Preocupa una inflación elevada, la mayor desde el 2007,
que afecta drásticamente los bolsillos de los hogares más desposeídos.
Poder impulsar transformaciones requiere una gestión con gran
responsabilidad fiscal en cuanto a finanzas públicas y un crecimiento
cercano a 8 puntos del PIB. Para ello la designación del próximo
ministro de Hacienda Mario Marcel, a pesar del rechazo de partidarios de
Apruebo Dignidad, busca dar viabilidad política y económica a la
reforma tributaria y al programa de gobierno. Se requiere su experiencia
para mantener el orden y hacer crecer nuestra economía, junto con
tratar de convencer a un Parlamento originalmente esquivo para apoyar y
aprobar los proyectos.
El
evidente abandono de la gestión de gobierno en las últimas semanas ha
acrecentado una sensación de inseguridad en gran parte del territorio
nacional. Al evidente fracaso del control de la delincuencia y
narcotráfico se agregan la situación de violencia del Wallmapu y las
consecuencias de la migración irregular en la zona norte. En ambos casos
será fundamental la capacidad de despliegue de las nuevas autoridades,
que requieren extender señales y acciones mientras se logra instalar una
política pública que abarque los temas en profundidad y se implementen
probables soluciones participativas, dentro de los cánones de
entendimiento y respeto a los derechos correspondientes. Situación
compleja cuando se deben integrar múltiples miradas desde una
responsabilidad de Estado, ante la impaciencia de la población.
La
pandemia por estos días se presenta al parecer en forma desenfrenada.
Los nuevos contagios siguen en alza y cada semana batimos nuevos
récords, acercándonos a cifras cercanas a los 30 mil casos diarios.
Hospitalizaciones en alza y una preocupante cifra de fallecidos que
promedia cerca de 40 personas diarias. A ello se suma un número
significativo de personas en cuarentenas preventivas. Ponerle atajo a
esta ola de contagios o a su proyección para marzo e invierno requiere
una planificación por parte del nuevo Gobierno. Lo que queda claro es
que aquello que exigimos al ser oposición se nos cobrará al ser
Gobierno.
Como
se aborden estos temas será fundamental para el desarrollo del Gbierno.
Ante una derecha con necesidades de redefinirse, cualquier traspié del
Gobierno puede perjudicar las futuras negociaciones en el Parlamento o
aumentar las preocupaciones de la ciudadanía. La buena política, de cara
a las personas y sus necesidades, tiene el desafío de gobernar.