Probidad

La probidad no es algo
que debería pensarse siquiera en agregar al texto constitucional.
Resultaría vergonzoso introducir algo que debe nacer del alma de todo
ciudadano, de la tradición familiar, del verdadero desarrollo social
solidario entre los habitantes de una comunidad, no importando lo
reducida o extensa que esta sea. Me refiero desde el mundo familiar,
vecinal, local, regional o nacional. La persecución de los actos
ímprobos debe estar regulada por normas penales, y si estas deben
ponerse más drásticas es parte de la función de los legisladores el
proponerlas, discutirlas y aprobarlas. Es necesario decir “basta” a la
mirada conceptuosa y generosa con quienes se han aprovechado de sus
posiciones para defraudar o ser corrompidos por el dinero.

El
primero y más básico es el de la educación cívica para ir generando
conciencia desde la primera infancia de que se debe actuar de manera
honesta en la vida. Parece de Perogrullo, pero para tener un país probo,
con gente proba y con actitudes probas, es necesario educar en
profundidad sobre estos conceptos. Educar con el ejemplo y el
mejoramiento continuo permitirá evitar la proliferación de actos de
corrupción como los que ahora vemos, donde los que son cuestionados
aparecen sancionados de manera velada y, salvo una pequeña vergüenza en
los medios, quedan indemnes y continúan sus vidas de manera normal,
incluso percibiendo hasta el término de sus días pensiones públicas
extraordinarias.

Esto
es un agravio a millones de personas que deben luchar día a día para
satisfacer sus necesidades y que ven con desilusión cómo unos cuantos se
embolsan cifras que a la gente les cuesta poder cuantificar.

La
necesidad de desterrar de nuestra mentalidad oportunista y de huaso
ladino esas malas prácticas nos debe llevar a generar una nueva
conciencia social. No digo que lleguemos a niveles como de Japón, donde
los niños aprenden el respeto irrestricto a sus padres y ancianos, sino
también al medio en que viven y se desarrollan, y mantienen un altísimo
estándar de bienestar en convivencia.

En
nuestro caso el concepto que impera es “si otro lo hace y no le pasa
nada, ¿por qué no hacerlo yo también?”. Nos pasa a todos, desde
transitar a exceso de velocidad, no dar pasos preferentes, conducir en
estado de ebriedad, eludir controles sanitarios, quedarse con bienes que
no son propios, son pequeños pasos para la comisión de delitos y que
esto se transforme en una habitualidad galopante. Los medios de
comunicación masivos, lamentablemente, por la necesidad de mantener el
rating y el financiamiento de sus parrillas, dan una cobertura
innecesaria a la proliferación de noticias del crimen y con detalles
precisos de la manera de cometerlos. Esto no solo contribuye a informar,
sino que indirectamente promueve la comisión y perfeccionamiento de los
mismos.

Una
redacción adecuada sobre esto debe basarse en, al menos, estas ideas:
“Los actos de corrupción o falta de probidad en que estén involucrados
agentes del Estado serán perseguidos conforme a la legislación vigente, y
las sanciones que se apliquen deberán resultar de sumarios
administrativos expeditos, que contemplen desde la vacancia del cargo a
la obligación de restitución de lo ilegítimamente percibido, lo que se
imputará en bienes propios o valores que el Estado por cualquier
concepto o título esté obligado con el infractor”.

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