Problemáticas al interior de los hogares

Los menores de edad y las familias en todo el mundo hemos estado fuertemente expuestos a los impactos directos de la pandemia del Coronavirus y las transformaciones del diario vivir. Las medidas para limitar la propagación del virus han provocado cambios en la vida cotidiana de los niños y sus familias. En la mayoría de los países, los jardines infantiles y las escuelas han cerrado para prevenir la propagación del virus, lo que ha cambiado la dinámica del hogar y puede tener un impacto en el desarrollo cognitivo y socioemocional de los menores. Al mismo tiempo, muchos padres, madre y cuidadores tienen la presión adicional de trabajar desde casa, seguir trabajando fuera de casa a pesar de los riesgos para su salud, o han perdido sus trabajos debido a la pandemia. Las crecientes demandas que encaran los padres y madres para brindar cuidados y apoyar el aprendizaje desde casa, junto con la incertidumbre económica y el aislamiento, han elevado los niveles de estrés y el riesgo de violencia en el hogar. Estos factores sanitarios y económicos también pueden afectar la capacidad de las familias para satisfacer las necesidades básicas de los infantes, incluida su nutrición y salud, e incluso otras necesidades sicosociales, como son la educación y el desarrollo social. Además, conforme se prolonga la incapacidad de acceder a la educación, la salud y los servicios sociales, los niños, en particular los que viven en condiciones frágiles y de pobreza, corren el riesgo de no desarrollar todo su potencial. Ahí, en nuestra educación chilena se vislumbra la ampliación de la brecha de aprendizajes, entre los que más y los que menos tienen. Es una realidad y no nos podemos poner la venda en los ojos.

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