Una
vez más la humanidad llegó a la quincena de agosto y, como es
tradición, comienza la preparación de almácigos para los muchos tipos de
frutos y hortalizas que inundarán los invernaderos y quintas de
Magallanes. La aceleración de la vida toma su curso de cara al último
mes de invierno. No habiendo vuelta atrás como en todo tiempo y siendo
la vida y todo lo material impermanente, es preciso que la ciudadanía
conozca sin moneda de por medio, cuánto cuesta realmente pasar de una
semilla al plato. Toda vez que los medios de producción como son los
invernaderos, los cortavientos y la maquinaria agrícola, se degradan y
descomponen por los fuertes temporales de viento que azotan la región.
Cada
vez que se conoce un huerto se conoce un nuevo mundo con identidad y
dolencias propias. Mientras más se observa y conoce, mayores son los
argumentos que permiten sostener la lucha lógica por mantener y
multiplicar los apoyos que puede brindar el Estado, a través de sus
programas de asesoría técnica, financiera e incentivos para co-financiar
inversiones habilitantes para el cultivo de alimentos y la crianza de
animales. La seguridad alimentaria (tener alimentos) no basta. Desde el
INDAP y en sintonía con el sentir rural campesino y los planes del
Presidente Gabriel Boric, a lo que hoy felizmente se nos une el Gobierno
Regional de Magallanes, vamos por la tan anhelada soberanía
alimentaria. No solo tener alimentos en nuestras fronteras, sino que los
medios de producción locales se encuentren al servicio y a la altura
del conocimiento tradicional campesino, la sabiduría popular y las
esperanzas y arroje de quienes se lanzan a innovar, crecer y compartir.
Al
día de hoy sabemos que el 54% de las hortalizas que se consumen en
Chile, provienen de manos campesinas, que concentran solo un 4% de la
tierra con potencial agropecuario. Hablamos pues de un sistema complejo,
que ha sido resiliente a los vaivenes del clima, política y el mercado y
que, en su conjunto, es tremendamente eficiente. En Magallanes, de lo
que aquí se produce en hortalizas, más del 90% es de manos campesinas,
en su gran mayoría usuarias del INDAP y de los distintos programas de
apoyo y fiscalización del MINAGRI (INIA, SAG, CNR, FIA). Tres veces al
día deberíamos conmemorar su importancia en nuestras vidas y tener, en
pensamiento al menos, el deseo de su prosperidad, dignidad y desarrollo.
El
apoyo del Estado para el desarrollo del mundo rural en Magallanes es
fundamental y necesario. No sólo para la producción de alimentos, sino
también para la existencia de un mundo rural soberano, autónomo y
económicamente seguro. La experiencia de países desarrollados confirma
el axioma. Ellos invierten mediante incentivos y subsidios la
permanencia de la población en el campo, reduciendo la expansión urbana y
el gasto público en seguridad, luminaria pública, salud y todos los
costos hundidos que acarrean las megaciudades. Desde INDAP podemos
asegurar que el gasto público canalizado a través de nuestros planes y
programas, no sólo llega a destino, sino que se reproduce y multiplica
en cientos de toneladas de alimentos, vitaminas, proteínas y bienestar.
Hoy,
con el apoyo del Gobernador Jorge Flies, los consejeros regionales y el
compromiso continuo de nuestra institución, vemos con esperanza y
sentido de responsabilidad las huellas bien marcadas hacia un terreno
labrado: fértil en sabiduría y conocimiento, a su vez que abierto y
receptivo al desarrollo e innovación técnica y tecnológica. Esperamos
pues, junto a nuestros equipos e instituciones hermanas de la ciencia y
el fomento productivo, cumplir nuestra misión institucional, y ahora,
con el doble del presupuesto regular anual, duplicar el impacto.