Promesas o certezas

De alguna manera lo que representa cada candidato se puede resumir en promesas y certezas.
Gabriel Boric es un cúmulo de promesas: aumento del ingreso mínimo y
menos horas de trabajo semanal; mayores pensiones con cotizaciones
manejadas desde el Estado; mejor atención en salud, manejada también
desde el Estado; mayor crecimiento de la economía, pero aumentando
impuestos; mayor bienestar y mejor calidad de vida; en fin, promete lo
que siempre la izquierda promete. Y no se trata de ver sólo el ejemplo
venezolano, sino la Argentina en mano de los progresistas de izquierda,
tipo Frente Amplio y Partido Comunista chilenos. La promesa de
reivindicar los derechos de los trabajadores, termina siempre con
menores remuneraciones y desempleo.

La
candidatura de Boric es pródiga en lo que denomina derechos sociales y
dice buscar un Chile con mejor calidad de vida, pero con el menor de los
esfuerzos para los ciudadanos. Recuerda a esas antiguas campañas
presidenciales en las cuales los candidatos prometían el oro y el moro;
en las cuales con voz engolada hablaban como desde un púlpito y nos
trataban como seres no pensantes; como si no tuviéramos la capacidad de
discernir entre lo posible e imposible. Se ha dicho y escrito de manera
profusa las veces en las que Boric ha cambiado radicalmente de opinión
en tan poco tiempo. Una aparece como altamente llamativa: si hasta el
lunes en la tarde siempre ha querido eliminar las AFP, en el debate del
lunes ante la pregunta de si se debían eliminar, señala que lo
importante es el alza de pensiones, sin plantear lo que siempre ha
sostenido, que es su eliminación. No quiso decir derechamente lo que
siempre ha dicho, en una mutación sorpre
ndente;
tanto que hasta el Partido Comunista debió enmendar esa declaración, lo
que deja nuevamente en evidencia el tutelaje que dicho partido tiene
sobre Boric. Queda en el aire la razón que subyace ante esta nueva
posición. Quizás en las encuestas que señalan que no es prioridad la
eliminación de las administradoras, está el fundamento del cambio de
opinión.

Por su parte, la candidatura de José Antonio
Kast y su persona, entrega certezas. Cuando no se cambia de vestimenta
ni se peina distinto para ser candidato, aún cuando pueda parecer
anecdótico, es un buen índice de seriedad y apostura. Es cierto que hay
quienes plantean dudas a su plan de gobierno, como la alusión a los
estados de excepción constitucional que hizo. No obstante las personas
no politizadas, que son la gran mayoría, entienden que si una norma que
permite la detención en lugares que no sean cárceles, ha estado por más
de treinta años en la actual Constitución Política y nunca ha generado
problemas, entonces no existe motivo para que hoy lo produzca. Genera
certezas que señale con claridad que vienen tiempos difíciles, que no
trate de esconder esa realidad que se impone, además de sus convicciones
religiosas y morales. Muchos de sus partidarios y colaboradores no
comparten sus valores y creencias religiosos, pero entienden que un país
se construye aceptando al otro aun cuando piense muy distinto, lo que
es garantía de una sociedad tolerante e inclusiva. La izquierda siempre
pregona la inclusión y la tolerancia, pero cuando un adversario se
plantea con profundas convicciones y valores religiosos, lo motejan de
extremo, sin aceptar ya esa diversidad y tolerancia que reclaman para
ellos y para sus grupos que protegen.

La
ciudadanía hoy está decidiendo sobre creerle a un candidato y su lluvia
de promesas, o creerle a un candidato que da certezas en tiempos
turbulentos y revolucionarios.

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