Promoviendo el “espíritu olímpico”

Durante
algunas semanas, la atención mundial estará fiada en París,
precisamente en la nueva edición de los Juegos Olímpicos, la continuidad
de una ceremonia deportiva que tiene su origen allá por el 776 a. C en
la Antigua Grecia y que encarnan el encuentro de las comunidades
mundiales con el mejor de los espíritus de competición.

Y
así como hablamos de sana competencia, los Juegos Olímpicos, han tenido
la virtud de sobreponerse a conflictos bélicos, crisis mundiales,
dictaduras y otros complejos escenarios, haciendo una tregua para
celebrar el deporte, donde, tal como se dijo en Atenas en 1896, “lo
importante no es ganar, es participar”.

La
historia de los juegos han pasado de ser una ceremonia religiosa a el
evento global donde se promueve la paz entre las comunidades en una
manifestación de principios fundamentales que vale la pena recordar, y
donde además, de las legítimas y siempre existentes diferencias, es
posible ponerse a disposición de la construcción de una sociedad mejor.

Cuánto
de ese espíritu deportivo, de sana convivencia, amistad y fraternidad
es posible promover en un mundo donde muchas veces los valores
predominantes pasan por justamente lo contrario.

Competencias
despiadadas en cualquier ámbito con el único propósito de ganar, cueste
lo que cueste; pasar por sobre los demás sin importar nada más, con
métodos pocos transparentes y hasta fraudulentos, engaños, violencia, y
ataques despiadados, resultan normalizados y muchas veces aceptados.

Ejemplo
de esto lo vemos a diario en las redes sociales, transformada muchas
veces en un espacio para la descalificación y la confrontación sin
límites ni reglas. Parece que todo vale y así nos sometemos a una
dinámica sin retorno.

El
llamado espíritu olímpico, podría ser un valor necesario trasladado a
todas las esferas de convivencia social, desde el contexto educativo, la
vida comunitaria, laboral y por qué no, en la misma vida política.

Si
bien, el deporte no ha estado ajeno a situaciones de violencia y
agresividad, su verdadera esencia sigue presente, por esta misma razón,
las y los deportistas perseveran con esfuerzo en sus entrenamientos,
intentando superar sus propias marcas, levantándose una y otra vez,
aprendiendo de sus errores, y conscientes de que ganar no siempre es
llega primero.

Solidaridad,
respeto, perseverancia, justicia, inclusión y resiliencia están
presentes en cada prueba deportiva y también en la carrera de la vida.
Si logramos comprender y transmitir que es posible el desarrollo
personal y profesional desde otra perspectiva donde no todo vale, y
donde sí es importante el camino elegido, aprendiendo de las
diferencias, también será posible influir positivamente en nuestro
entorno.

Y
ello, permita ser predominante frente a los espíritus alterados y
contagiados por ese ambiente enrarecido que pretende subyugarnos y
empañar los principios y valores que ayer nuestros mayores nos
traspasaron cual herencia trascendente.

Quien
no reconozca o reniegue, les recomendamos haga un acto de contrición
honesto y sincero de tal forma que haga vida aquello de “ no se ponga el
sol sobre tú enojo..”.

Saber
si estamos dispuestos a dejar de lado el egoísmo y la ambición por
llegar a lo más alto, es clave en el proceso y desarrollo como persona.
Podemos darnos la oportunidad de, al menos durante algunos días,
dejarnos llevar por el espíritu olímpico y la sana competencia.

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