Propaganda de amor

Comenzó
la carrera televisiva por obtener adeptos a las respectivas campañas
del Apruebo y del Rechazo y hemos visto en ellas una permanente alusión
al amor como base de sustento de todo lo que representa nuestro futuro.
Dijimos desde un inicio que todos los que nos postulamos a los escaños
de la Asamblea Constitucional lo hacíamos con una convicción patriótica
para intentar hacer de nuestra patria un lugar mejor, más humanitario y
basado en la solidaridad que debe inspirar a todos los integrantes de
una comunidad. Lo hicimos también pensando en el amor, como una muestra
de fidelidad a nuestras familias, la actual y la que nos ha dejado, pero
preferentemente orientado en los hijos y los que les seguirán, porque
muchos estamos acercándonos ya a las rectas finales de nuestras
existencias. Mientras tengamos fuerzas y a pesar de que las canas
espanten a las nuevas generaciones, que parecieran quererlo y saberlo
todo, seguiremos aportando lo que nuestras mentes generen, lo que
nuestras fuerzas nos permitan liderar y con nuestras experiencias de
vida servir de luz en la época más aciaga que se nos pueda presentar.
Cuando los distintos comandos hablan del amor como sustento de sus
posiciones, no está mal, muy por el contrario, debiera ser la lógica de
toda acción. Lo que hemos estado viendo es que con la argucia de querer
lo mejor para nuestros ciudadanos, solo entramos en una poesía que dista
furiosamente del sentido final de todo lo que estamos realizando. Hay
factores a los cuales los seres humanos no podemos estar ajenos y no
podemos permitir que se mal utilice algo que ha estado ausente durante
tanto tiempo, vilipendiado y degradado para, ahora, comenzar a darnos
cuenta que sin él no estaremos nunca bien. Las campañas del terror que
tanto han estado circulando por las redes sociales, las mentiras e
interpretaciones caprichosas al texto propuesto y su difusión están
lejos de los principios del amor que nos inspirara Jesús y que tanto
desaire se ha hecho en los últimos años gracias al daño provocado por
los desnudados Karadimas y Ezzatis y por todos aquellos que abrazaron la
Palabra para abusar de ella, con ella y por ella. Cuando hablábamos de
los que formaron parte de la Convención no pudimos dejar de lado los
aspectos negativos de una forma de elección que llevó a las altas
esferas a segmentos sociales radicalizados, a los revanchismos y a
posturas inclaudicables de una sociedad añeja y alejada de la realidad
de nuestros pueblos y de nuestras historias, frente a un sector
atrincherado indispuesto a cualquier cambio posible. Nos aprendimos a
conocer y nos dimos cuenta que, a pesar de que todos parecían estar
inspirados en la bondad de sus actos, varios (quizás los más locuaces)
venían con sus trancas y deseos de figuración (lo vimos desde el mismo
día de la instalación de la mesa) donde una gran mayoría quería ser la
estrella más brillante de la tarde. Poco a poco se irá decantando todo
el proceso de propaganda y la gente podrá reaccionar por aquello que
realmente le haga verdad, la que tenga el mejor y más propio sentido
comunitario y habrán de darse cuenta que los que estaban en la cima y
que ahora se han acallado, han hecho rodar piedras y rocas en una
avalancha desenfrenada donde destacados ciudadanos, que no esperábamos,
se les unieran para hacer mucho ruido y asustar a la población más
abajo. Hoy el polvo en suspensión no nos permite ver el paisaje. Hay
mucha especulación y distracciones que dificultan la tranquilidad y que,
sin duda, se irán incrementando hasta el mismo día de la elección.
Chile necesita amor y un alma acogedora como la que nace del padre a un
hijo, al que se le perdonan los errores para que de allí nazca la
experiencia que necesitará para el desarrollo de la vida madura. La
misma que sus propios hijos criticarán cuando les comiencen a aparecer
las arrugas.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS