La
centralización en nuestro país es una dinámica que trasciende
diferentes dimensiones, lo cual plantea la necesidad de generar
soluciones sectoriales pero a la vez integradas que nos permita
enfrentar de mejor manera los diferentes desafíos.
A
pesar que nos hemos referido en la presente tribuna a temas
geopolíticos, soberanía efectiva y el importante rol del Estado, es
necesario repensar de qué manera enfocar a una descentralización
financiera y en específico tributaria.
Una
vía usualmente utilizada es focalizar recursos, aplicando la lógica del
Estado Subsidiario ante la falta de emprendimiento o inversión privada.
Esto que ha sido fundamental para comprender la iniciativa estatal,
pero al mismo tiempo restringir la acción del Estado para que ésta sea
eficiente y realmente fiscalizada.
Sin
embargo esto no necesariamente ha generado actividad económica, tanto a
nivel de inversión de gran escala como infraestructura crítica.
Diferentes
propuestas no han tomado el tema de fondo, la tributación continúa
siendo centralizada y los impuestos una carga excesiva para zonas de
aislamiento crítico.
Si asumimos como una realidad la centralización Santiago viene a ser
un polo que concentra inversión y tributación, teniendo que tener una
perspectiva de generar una descentralización a través de una tributación
diferenciada, tomando elementos objetivos de aislamiento territorial y
lograr establecer inventivos con impuestos bajos o nulos a medida que el
aislamiento es mayor.
Esto
en la práctica permitiría hacer atractivo para la inversión privada los
extremos territoriales de nuestro país, establecer además un impacto
mayor de zonas productivas en donde el accionar del Estado evite
invertir recursos especiales generados precisamente por una carga
tributaria que es un desincentivo para la inversión a nivel global.
Es
de esta manera que una tributación diferenciada puede generar polos de
desarrollos, experiencias parciales en nuestro país han apuntado hacia
esta dirección como es el caso de las Zonas Francas, en donde es
precisamente la ausencia de impuestos lo que ha sido poco atractivo para
desarrollar inversión y también un beneficio para los usuarios.
Esto evidentemente es una propuesta en desmedro de la actual centralización, lo que debe ser visto con altura de miras en el congreso y también en el ejecutivo.
Sin
lugar a dudas esta no es una propuesta que entregue una solución por sí
misma, es necesario comprender diferentes factores y elementos que aún
juegan en contra para enfrentar las diferentes dimensiones de la
centralización, sin embargo unir la potencialidad de la inversión
privada, ahorro estatal y crear nuevos polos de desarrollo es una buena
oportunidad para unir trabajos en beneficio del progreso de Chile en
donde el Estado, la academia y la industria tienen que trabajar en forma
coordinada para lograr un desarrollo efectivo y lograr una
descentralización atractiva para todos.