Protección del medio ambiente y la necesidad de crecimiento económico

El espectador

Explotación de los recursos naturales para generar mayores riquezas y desarrollo de las comunidades o abstenerse de esas faenas, con el riesgo de provocar daños en el medio ambiente no es una discusión nueva y ha generado conflictos en todos los niveles del poder político, económico y social.

Algunos afirman que es necesario intervenir la naturaleza para generar empleos, para obtener electricidad, para explotar recursos mineros, pesqueros y forestales, entre otros, con el fin de generar más empleos e ingresos a miles de familias que buscan asegurar su presente y el futuro de sus descendientes.

Otros, por la vereda del frente, se oponen y se han opuesto en forma tenaz, a ese quehacer, alegando que el planeta, y por ende, el país, nuestro país, es una especie de nave en la que viajamos todos, la Humanidad, y que dañarla o alterarla, pone en riesgo a todos los que viajan en esta singular nave.

Ese debate ha marcado la gestión de esta administración, con un sector encabezado por la mismísima Jefa de Estado y, por otro, aunque por la misma vereda, quienes insisten en que es preciso explotar los recursos naturales para lograr crecimiento económico y social, cuya cabeza visible es el ministro de Economía, Felipe Valdés.

ALGUNOS CASOS

Ha habido cruces entre ambos sectores a raíz, precisamente, del rechazo del proyecto Dominga; de la explotación “con cautela” de yacimientos de cobalto y, con anterioridad, por lo que fuera Pascua Lama, la ampliación de Andina, entre otros hechos controvertidos.
Magallanes no ha estado ajena a esos dimes y diretes entre los grupos medio ambientalistas y los que sostienen que los recursos naturales deben ser explotados en beneficio de las comunidades.

Muchos recuerdan las protestas contra la explotación del carbón extraído de los yacimientos de Mina Invierno, en Isla Riesco, incluso con apoyo y acciones de entidades extranjeras que se han manifestado no sólo contra esas faenas sino que, también, contra la caza de ballenas por parte de flotas japonesas o de las explotaciones auríferas en la Patagonia argentina.
También se han manifestado contra la instalación de empresas salmoneras en las aguas australes, exhibiendo lo que ellos califican como “resultados desastrosos para el medio ambiente” en el área cercana y otra no tanto, a Puerto Montt y a Chiloé.

Y tampoco han guardado silencio cuando se ha tratado de trabajos e instalaciones de proyectos hidroeléctricos en Aysén y en otros puntos del país, como en la zona del Cajón del Maipo o como ya se indicó, en el área cordillerana de la Tercera Región, en el proyecto minero canadiense, en el marco de las nuevas normas establecidas por un protocolo fronterizo chileno – argentino que autorizó la remoción de masas de hielo y material de los glaciares del yacimiento llamado Pascua Lama.

Y así, se podría seguir dando ejemplos y casos: Freirina, Río Las Cruces, Coronel, Talcahuano, Andacollo.
Y mejor no referirse a sus ácidas críticas a la Ley de Pesca, al manejo de la llamada “Crisis de los salmones” o las capturas de jurel y otras especies marinas amenazadas por la sobre explotación.

OTRA VISIÓN
Pero, frente esas visiones casi apocalípticas se levanta la voz de quienes generan empleos, de quienes arriesgan capitales propios y ajenos; de aquellos que tienen o esperan empleos estables, relativamente bien remunerados y las de quienes piden un trabajo, petición básica para subsistir en forma independiente, con o sin pareja, con o sin hijos.

¿DÓNDE ESTÁN?

Y ante ese escenario surge la pregunta ¿dónde están los parlamentarios chilenos, de los que dicen representar a Magallanes que no estudian más y más a fondo la legislación ambiental; buscan caminos para hacerlo y buscan apoyo que introduzcan las modificaciones necesarias para compatibilizar la explotación de los recursos naturales chilenos y de la región, con el debido y más exigente de los controles, para que generen más ingresos, más desarrollo, en lo que muchos dicen, casi pavoneándose, “en forma amigable con el medio ambiente?
¿O qué ha demorado tanto al gobierno para buscar esos caminos y sacar recién ahora la consigna de defensa del medio ambiente con motivo del rechazo al proyecto Dominga, dejando atrás las autorizaciones que la misma Michelle Bachelet y sus ministros de su primer gobierno y de éste le otorgaron a las instalaciones de centrales termoeléctricas en diversos lugares del país?
¿Bandera electoral de últimos meses, con crespones de franco intervencionismo electoral o meros guiños a los ambientalistas, tan duros, tan combativos y tan bulliciosos como los animalistas? ¿O son los mismos, con otras banderas y afiches?.

DEFINICIONES PENDIENTES

Este gobierno en lugar de proponer la creación de nuevos organismos de la administración pública, pese al endeudamiento del Estado chileno, a la falta de crecimiento y a la calificación negativa que recibiera Chile, de las consultoras internacionales que evalúan la situación económica de los países y su factibilidad a futuro como en un tango gardeliano no ha logrado definir una ruta adecuada para compatibilizar crecimiento y desarrollo con la defensa del medio ambiente y eso constituye un error más en estos últimos cuatro años.
Se ha empeñado en imponer una “agenda valórica” que favorece a las minorías homosexuales; ha insistidos en aprobar, hasta lograrlo, con Tribunal Constitucional incluido, en despenalizar el aborto en tres causales y busca instaurar “el matrimonio” (sic) igualitario entre personas del mismo sexo, pero no ha definido lo esencial para la mayoría de los chilenos: cómo crear más riqueza y crecimiento económico sin dañar el medio ambiente.
Esa es una tarea que quedará pendiente para el próximo gobierno y para el nuevo y más nutrido parlamento y habrá que considerar que no se trata de abrir las puertas a toda empresa o emprendimiento que arrase con la naturaleza.

Cada emprendedor, cada empresario, cada inversionista deberá adecuarse y respetar el más que necesario marco legal que deberá crearse, en forma urgente, porque el cambio climático ya es una dolorosa realidad y su impacto en el medio ambiente regional, nacional y mundial se hace sentir cada día.
Y en esa tarea que el futuro inmediato requiere ya ayer, los responsables de definir ese nuevo marco de normas ambientales, deberán dejar de lado sus respectivos ideologismos y trabajar, de verdad y sin dobleces, por el tan manoseado “Bien Común”, con altura de miras, con principios que no se transen “por unos dólares más” y cuyas exigencias sean acordes con las urgencias y necesidades de hoy que ya es ayer.

Sólo de esa manera, la nave en que viajamos todos, podrá seguir su rumbo, la ruta que conduce al desarrollo integral de Magallanes, de Chile y del mundo, aunque éste sea “ancho y ajeno”, como lo determina el accionar de los Trump, los Macron, los Merkel, los Rajoy, los Putin y otros líderes de diversos países de este planeta o antes de que un loco con poderío atómico en sus manos decida apretar el botón que provoque el caos final.-

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