“Producto
de los fuertes vientos en la región un camión con acoplado se volcó en
el paso superior que viene del aeropuerto, provocando una seria
congestión en la ruta”. Esto podría ser el eventual titular de una
noticia en medios locales si se llegara a concretar la idea de elevar la
ruta 9 con un costo total de $21 mil millones y contra la opinión casi
unánime de todos los actores regionales. El centralismo en su más brutal
expresión.
De
acuerdo a lo señalado por los propios expertos que han desarrollado el
proyecto, una ruta aérea de las características del proyecto con vientos
de 60 kilómetros por hora no garantizaría el paso seguro de los
vehículos, debido a que esa fuerza eólica, parte de nuestro paisaje
habitual, tendría el riesgo de volcar camiones de gran tonelaje al
golpear de costado a estos vehículos, obviamente, esta situación también
involucra los casos de autos menores ¿Qué puede justificar que se
insista con una iniciativa que evidentemente no va a funcionar? ¿Qué
justifica que se insista en una obra que es rechazada mayoritariamente
por la región? Esa es la pregunta que muchos nos hacemos en Punta
Arenas.
Lo
preocupante es que estamos contra el tiempo, está a punto de cerrarse
la licitación que autorizaría esta obra sin que, hasta el momento, nadie
del Ministerio de Obras Públicas (MOP) haya dado una explicación
razonable sobre esta mala idea que, además, significa un enorme
despilfarro de recursos que podrían utilizarse para otros efectos. Nadie
ha dicho que no se debe hacer algo con respecto a la intersección de la
ruta 9 con la Avenida Frei que presenta una preocupante
accidentabilidad, pero analicemos alternativas y acordémosla mejor. Los
Magallánicos no queremos imposiciones centralistas, queremos acuerdos.
Además
del tema crucial de los vientos, también se ha señalado que las
eventuales zonas de sombra permanente en invierno que generaría la
construcción, aumentarían el riesgo de accidentes ante heladas o
reducciones importantes en la temperatura. Algo parecido a lo que ocurre
en el aeropuerto que, sin embargo, cuenta con equipos y financiamiento
para despejar las vías. Desde el MOP se ha dicho que este problema se
solucionaría con el esparcimiento de anticongelante o sal, pero para
efectos de la ruta elevada esto implicaría recursos permanentes que no
están garantizados.
¿Qué
alternativas existen? Si lo que se pretende es reducir la ocurrencia de
accidentes hay alternativas infinitamente más económicas y fáciles de
implementar, como por ejemplo en lo inmediato, la colocación de
reductores de velocidad (recordemos que al ser zona urbana el límite
máximo es de 50 km/h) o incluso semáforos inteligentes de tres tiempos.
Pero
más allá de las medidas de corto plazo, esta es una oportunidad para
fortalecer el desarrollo de la zona norte de Punta Arenas y consolidar
una nueva entrada a la ciudad, me refiero a enrolar la Avenida
Circunvalación Norte que avanza desde Los Flamencos hacia el aeropuerto.
Una nueva vía estructurante que permitiría canalizar los flujos hacia
el sector norte de la ciudad, generar actividad económica incluidos
puestos de trabajo tan necesarios hoy en la región. Una obra de este
tipo requiere mirar el desarrollo en el mediano plazo, como lo hicimos
en su momento con la Costanera o la Avenida Frei.
Más
allá del centralismo que como magallánicos sabemos enfrentar, resulta
imperativo que el MOP adopte una actitud dialogante y se abra a
alternativas. Con todos estos antecedentes sobre la mesa resulta muy
difícil justificar que el ministerio insista con esta obra. Si existen
recursos cuantiosos disponibles que son de todos los chilenos y
chilenas, queremos ser responsables con su uso, pero sobre todo queremos
ser responsables con el desarrollo de nuestra querida región.