Proyecto Lloco: Intercambio de memorias y cocinas

La
abundancia de la tierra y la mar de estos canales australes,
matrimoniadas en las piedras hirvientes de un curanto, es cosa sin igual
de ver y degustar. Cholgas, choros y almejas; cerdo ahumado y pollo las
carnes; milcaos y chapaleles herederos de nuestra papa americana,
decoran como pupilas blancas el iris nalcáreo, que recuerda a las
primeras plantas que poblaron los continentes, cuando los volcanes
cubrieron sus océanos de cenizas.

Hace
un año fui invitado a mi primer curanto en hoyo en Magallanes por la
comunidad indígena “Nuestras Raíces Ancestrales”, que dirige don Freddy
Nahuelquín Saldivia. Llevaba años en la región y siempre con el deseo de
volver a sentir los vapores aromáticos que algún día sentí en la isla
de Chiloé, cuando participé de un encuentro nacional de la Coordinadora
de Estudiantes y Profesionales por la Agroecología (CEPA). Ya impregnado
de los sabores de la tierra y la mar, como buen R chileno que come y se
va, pasé a despedirme de mis anfitriones. Casi ya en la marcha, se me
acerca doña Mabel al borde del disgusto y con una bolsa del porte de un
saco: que como me iba sin el lloco para mi familia. Tan nortino que no
conocía el calado del concepto, partí cual linyeras con mi lloco, mucho
más rico en sentir, guata y corazón de lo que entré.

Hoy
don Freddy y sus compañeros y compañeras, junto a la antropóloga
Silvana Arteche Sepúlveda, vuelven a sorprender a esta región, cuando en
estos días se está gestando el “Proyecto Lloco: Intercambio de Memorias
y Cocinas” que busca generar instancias de rescate e intercambios de
saberes y memorias en torno a la cocina y la soberanía alimentaria de
los pueblos aquí presentes. Dirigido principalmente a estudiantes de la
gastronomía y las ciencias naturales, el Proyecto materializa el
“compartir de saberes” con alumnos de agronomía, biología marina,
nutrición e historia y geografía, en talleres que, con las manos en la
masa, preparan minuciosamente, las recetas que devuelven nuestros pies a
la tierra y la vista a la mar: “Del lloco tomamos como referencia la
reciprocidad, los conocimientos y técnicas culinarias, la alimentación
sustentable y los recuerdos familiares que nacen de aquel espacio del
que todos y todas hemos aprendido y disfrutado: La cocina”, versa parte
de la memoria del proyecto.

Preservar
estas tradiciones no solo honra el conocimiento ancestral de los
pueblos que han habitado aquí por siglos, sino que también fortalece el
presente con un legado que estimula a que las raíces sigan dando
retoños, con habilidades suficientes para mantener y mejorar la
convivencia, el desarrollo futuro diverso y equitativo y el sentido de
pertenencia. En INDAP decidimos colaborar con esta iniciativa, que
promueve el uso de ingredientes locales y revitaliza conocimientos
ancestrales, para el goce de toda la Región. Instancias como estas, son
las que le otorgan sentido y razón a la misión y visión de INDAP y nos
posicionan de manera firme, en el rumbo que marca nuestro Ministerio de
Agricultura y desde luego, nuestro Presidente Gabriel Boric Font.

Hoy
quiero destacar esta iniciativa financiada con fondos del Gobierno
Regional (FNDR 8% de Cultura) y llamar a la población a vincularse a
temas tan importantes y enraizados en la cultura local, como son el uso
del cochayuyo y el luche en la cocina, o los talleres que estará
impartiendo nuestro colega de INDAP Moisés Vivar Ramírez sobre las
enormes y diversas propiedades de las algas para nutrir el suelo y los
cultivos agrícolas. Es así como todos los elementos químicos de la mar
(la tabla periódica completa), forman parte de este currículum para los y
las nutricionistas e ingenieros agrónomos del futuro. Siempre es bueno
recordar que, sin algas, sin “sargazo”, no hubiese habido nunca papa en
Magallanes y que, sin la papa, derechamente no habría Magallanes.

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