Un nuevo aniversario
ha conmemorado por estos días dos lugares extremos de nuestra región.
Nos referimos a Puerto Williams y Puerto Toro respectivamente. Sectores
ambos, que han dado una permanente lucha por sobrevivir y empinarse a
objeto ofrecer un espacio en el que su gente, esforzada y pujante
encontrara un sentido y una pertenencia por la cual trabajar.
Desde
sus albores, no ha resultado fácil ni sencillo. La distancia pareciera
ser el factor común que surge como el principal obstáculo e impedimento
para tener un desarrollo rápido, ágil y sustentable. Pero aquello ha
tenido la virtud de transformarse en el principal motor motivacional que
no permite que su gente ceje en su empeño por darle a sus comunidades
un confort y estabilidad que, de paso, compromete el respaldo y el apoyo
de sus diversas autoridades y que, en épocas y tiempos distintos, han
mostrado mayor, menor o nulo interés en atender sus respectivas
necesidades.
Por
años, han querido llamar la atención con sus respectivos encantos
naturales. El uno, con sus senderos y el marco imponente que representan
los Dientes de Navarino y que subyugan de la atención de sus
visitantes. El otro, tiene la magia de concentrar la no menos importante
masa de pescadores artesanales quienes le dan vida y colorido con su
esforzada labor a un territorio siempre único a un sector de la región
que hoy puede ser considerado como “ un diamante en bruto” y que hay que
tratar de prestarle una mayor atención.
No
por casualidad cumple 127 años desde que el Gobernador Señoret y en
cumplimiento de instrucciones emanadas del Gobierno de la época y que
buscaba marcar presencia territorial en favor de un poblamiento masivo
que señalara un desarrollo y crecimiento ojalá permanente.
Puerto
Toro, cobija en cada temporada alrededor de unas 100 embarcaciones que
participan activamente en la extracción del recurso estrella del lugar,
la centolla. Toneladas de este fino producto que son exportados a
diversos puntos del mundo y en cuyas mesas se paladea sus exquisitas
carnes que son las delicias de cuantos tienen el placer de degustar el
producto que finalmente esconde en su proceso e historia, la identidad
de una pequeña comunidad en el extremo sur del planeta.
En
otro orden, hoy se trabaja en conectar ese lugar con la capital
provincial, de tal forma asegurar la conectividad vía Eugenia- Puerto
Toro, hecho que debiese estar asegurado desde hace mucho tiempo, pero
que ha significado una espera extremada.
Sumado
a esa obra vial, tenemos otras y que conciernen al marítimo, esto es,
una rampa que permitirá al actual Ferry Yagan, recalar con la normalidad
y seguridad que tales operaciones exigen. Y qué decir de la energía que
permita al poblado contar con alumbrado público y domiciliario. Tareas y
responsabilidades que hay que asumir en el marco de las políticas
públicas que el Gobierno ha impulsado y contempla para zonas extremas.
Los
dos puertos que acaban de cumplir un nuevo año desde su fundación son
ejemplos del trabajo que desarrollan a diario y desde hace mucho tiempo
las familias en rincones tan apartados como la Isla Navarino, gracias a
su empuje y ganas de salir adelante, a pesar de todas las dificultades.
Nuestro
compromiso y responsabilidad es hacer de la vida de estas familias cada
día mejor, de hacer de cada uno de los puertos un mejor lugar para
vivir, y para llevar adelante sus diferentes actividades.
Las
familias en Puerto Toro y Puerto Williams nos han demostrado que la
vida en comunidad y solidaridad es posible, con problemáticas propias de
cada sociedad, pero que logran imponerse sobre las legítimas
diferencias. Algo de eso podríamos poner en práctica en momentos donde
el país necesita más que nunca del compromiso y de la unidad.