Hace
un tiempo anunciamos con un amplio reportaje que la Costanera del
Estrecho está dañada y con numerosos rayados. Esto se viene produciendo
desde hace mucho tiempo en diversos lugares de Punta Arenas, pero se
masificó con el estallido social en octubre de 2019 y se volvió a
incrementar con la marcha por el Día Internacional de la Mujer, el 8 de
marzo pasado. Ahí el municipio constató 42 lugares con nuevos rayados en pleno centro. Y poco se ha realizado,
pese a que en el último tiempo algo se ha hecho por recuperar el casco
central de la capital magallánica. También ocurrieron destrozos de
paraderos y ataques a la infraestructura pública y privada. Incluso el
bello patrimonio cultural que posee nuestra Región de Magallanes fue
fuertemente afectado y podemos esperar lo peor, porque vemos la
indefensión en que se encuentran los patrimonios arquitectónicos y
culturales de la ciudad. No queremos llegar a ver que a pesar de que la Ley de Monumentos Nacionales contempla incluso penas de cárcel para quienes dañan estos hitos, en los hechos es una legislación que no disuade, permitiendo que la destrucción ocurra en total impunidad como ya hemos
visto tras el estallido social, incluso con el retiro por parte del
Gobierno de 139 querellas. En otras zonas ya están acostumbrados a estos
hechos y por ello el país no parece haber tomado conciencia de los
alcances que provoca este tipo de vandalismo. Esas malas costumbres ya
están llegando a Magallanes y lejos vemos a aquellas ciudades limpias y
lejanas de esos hechos delictuales. Hay que solo darse una vuelta por el centro de Punta Arenas y ver que proliferan molestos e invasivos grafitis, rayados sin sentido y afiches publicitarios, lo que además de afear el entorno implica millonarios costos para los propietarios y la municipalidad. Nadie lo ve como un “arte urbano”, salvo las afiebradas mentes que incurren en esto.