¿Qué depende de mí? ¿Qué depende de ti?

¿ ? Aquí, en estos casos
es que uno más uno debe sumar uno, sí, ¡uno! No solo debemos atender el
presente, debemos fijar nuestra atención en el futuro. Lo que hagamos
hoy debe ser teniendo nuestra mirada en lontananza, poniendo nuestra
atención en el devenir.

Y
para ello, ¿qué ingredientes debemos allegar? Son muchos, nombremos
algunos, moderación, comedimiento, prudencia, sobriedad, tino, sensatez,
freno, entendimiento, temple, equilibrio, respeto, concordancia,
juicio, cordura, parsimonia, sosiego, serenidad, conciliación,
discernimiento, compostura, silencio, concordia, morigeración, encomio,
discreción, circunspección, confianza, conocimiento y algunos otros no
menos importantes, también.

¿Algunas
de estas “bonituras” las hallaremos? Quizás, dispersas a lo mejor, pero
reunirlas, sentarlas a la mesa, que concurran a diálogos, a
conversaciones, con sentido de futuro, se aprecia difícil, pero no por
ello se debe dejar de intentar; debemos intentarlo, sí, señor.

Es
preciso pensar el futuro, ajeno a ciclos temporales de gobiernos
locales, regionales o nacionales, incluso desatendiendo lo que ocurra en
otros lados, el ciclo debe ser mayor, debe superar esas temporalidades.
¿Cuánto tiempo? ¿Cinco?, ¿diez?, ¿doce?, ¿quince?, ¿veinte?, ¿treinta
años? El bienestar o el bien estar, como quieran entenderlo o tomarlo,
debe tender a ciclos mayores que lo presente, el hoy, mañana, este año, o
el próximo semestre, no debe ser cortoplacista y menos con cálculos
egoístas.

Vuelvo al título de esta columna de opinión, ¿qué depende de mí?, ¿qué depende de ti? Me apresuro a responder. ¡Todo!

Debemos
prodigar todo tipo de empeño en que lo que soñamos sea concreción, que
sea realidad, más temprano que tarde. Lo que soñamos para nosotros
mismos, es también porque lo soñamos para nuestro prójimo, así, todo
redunda en buen efecto. Y si tú estás en el mismo empeño, todo redunda
en buen resultado, en bien.

Comencé
señalando que uno más uno debe sumar uno. ¡Claro! No todo ha de ser
partición, en principio, todo ha de ser un bien común, no de uno y de
otro, de dos, sino de ¡todos!

Ese
es el principio de todo. Lo que sueñe, lo que ansíe, lo que quiera, no
ha de ser privativo. Lo que aprendo, lo enseño. Depende de mí, también
depende de ti. Si yo lo hago, tú lo haces, y así. ¡Así, sí! Todo
redundaría en beneficio. Todo sería diferente. Todo sería mejor. No lo
dudo. No lo duden.

Si
no lo dudan, es que están convencidos, o más o menos convencidos. ¿Qué
queda por hacer? ¡Ponerse en acción! A lo mejor, poniendo en acción el
método Fonsi. ¿Cuál es ese? Pasito a pasito. No debemos atolondrarnos,
no hacerlo a tontas y a locas. Aquí ponemos en acción otro método. ¿Cuál
es este? El método Aylwin. ¿Cuál? En la medida de lo posible.

Y
así. Ahora nos animamos con otro método. ¿Cuál, ahora? El método de la
tía Yolanda. ¡Que nos vaiga bien, que nos vaiga bien, que nos vaiga
bien!

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