¡Qué es! ¿De qué se trata? Hacia donde dirijamos nuestra atención, algo no menor ocurre. ¡Tiene todas las apariencias, todas!
A
ratos, parece una cacería de brujas, algunos ni saben que son seguidos o
perseguidos o que son víctimas de engaño, de actos que les afectan, que
les causarían detrimento, y… no lo saben; alguien sale afectado,
alguien paga el pato, alguien es víctima de engaño.
También
da la impresión de que se trata de un cajón de sastre, donde hay de
todo, de todo, de todo, cuestiones menudas, ínfimas, de mediana factura,
y otras de dimensiones mayores, que se manipulan con cualquier pieza u
objeto del mismo cajón en otras instancias, dando forma a otras de forma
inimaginada.
En
otro momento, y en otro ambiente, todo este tinglado se parece a una
caja de Pandora, caja o receptáculo que contiene toda suerte de males,
de deshonestidades, de injusticias, de delitos. Ya más infortunios,
menoscabos, faltas, miserias y menguas no son posibles allí. Nadie
desearía toparse con una de estas plagas, porque eso son, dan esa
apariencia.
Asimismo,
de tantos actores que asoman a cada rato, de este lado y dese otro es
que, su solución si es que la tiene, se asemeja a un tablero de ajedrez,
y a un torneo de larga duración, de muchas partidas, propias de un
campeonato mundial; así, muchas piezas se mueven con sigilo y no, se
enrocan, agazapan, estudian, son tumbadas, se tienen intenciones (malas,
casi siempre), luego juegan, hacen tablas, ubican las piezas de nuevo, y
así, así, y así.
¡Cuántos
símiles! Todo, también nos deja la sensación de que se trata de un
pillarse la cola, se mueven, se mueven y se mueven, giran, giran y
giran, y sin mayores resultados, creen que lo lograrán, y no,
finalmente, no; y no se trata de un solo actor, se trata de muchos,
muchos actores, y cual engaña más.
Y
quienes son espectadores, quienes son espectadores, no lo son tanto,
están involucrados, estamos involucrados, probablemente no por ser
agentes intervinientes, pasivos quizás, si no por omisión. ¡Vaya uno a
saber! ¡Si los pillos hasta clonan identidades! Y así me he acordado de
esta paremia o aforismo de origen bíblico, “¡Quien esté libre de culpa
que tire la primera piedra!”
Esto
es crítico, casi pandémico. La crisis a la que me refiero es de
humanidad, ni más ni menos. Hay una perturbación de roles, de ser, de no
ejercer ni mínimamente el rol de ser pensante, reflexivo, humano. No
pocas veces me he referido a que el mal que nos achaca desde un tiempo a
este es que, al pasar lista en el orbe, nos cuentan como seres humanos,
¡bien!, pero la verdadera cuenta, la cuenta real es de constatar
cuántos seres son humanos, dotados de humanidad, de proactividad con el
otro, dotados de empatía.
¡No es lo mismo un ser humano que ser un humano!
Otro
quid de este intrincado asunto es poner el foco en tener, tener, tener y
tener, solo eso. ¿Cómo frenar esta angurria? ¿Por qué esta avidez, esta
codicia o este afán del tener, y tener?
La solución, poner el foco en el ser, ser pensante, ser doliente, ser empático, ser humano.