Todos
hemos tenido la sensación este año de que el mundo se detuvo o, al
menos, se produjo un frenazo de dimensiones nunca antes vistas como
resultado de la pandemia de Covid-19.
Este
impacto llegó también fuertemente al ámbito de la ciencia polar, pero
el Instituto Antártico Chileno (INACh) ha trabajado día y noche para que
el esfuerzo de años no se pierda y sigamos avanzando en el conocimiento
de un continente clave para nuestro país y para el planeta.
El 2021
será decisivo para avanzar en el proyecto de convertir al Territorio
Chileno Antártico en un sensor de cambio climático en tiempo real
mediante la activación de sensores en un gradiente latitudinal que bien
puede partir en las instalaciones que el país tiene dentro del círculo
polar (glaciar Unión y base Carvajal) y subir a través de diversos
puntos hasta Punta Arenas. Esto implica reforzar nuestras plataformas
logísticas y las capacidades científicas que se desplieguen en ellas.
Queremos seguir con el proyecto de reconstrucción de las tres principales bases científicas chilenas: Profesor Julio Escudero
(Isla Rey Jorge), Yelcho (Isla Doumer) y la mencionada Carvajal (Bahía
Margarita). Exploraremos el uso de energías renovables y aplicaremos
nuevos estándares de construcción para hacerlas más seguras y
eficientes.
Acercaremos aún más la ciencia a la ciudadanía, para que
pueda sumarse al tremendo rol modelador del futuro de Chile que tiene el
conocimiento científico. Uno de los aspectos rescatables que ha tenido
la pandemia ha sido confirmar la importancia de la ciencia para la
sociedad en que vivimos.
Los cuidados, tratamientos y ahora la vacuna contra Covid-19 han sido posibles gracias a una comunidad científica presionada
al máximo para cumplir con su misión más alta: servir al progreso de la
humanidad. El mismo rol y urgencia que alimenta al Programa Nacional de
Ciencia Antártica, que administra el INACh.