¿Qué esperamos de la Reforma Tributaria?

Ayer
se hizo presente en Magallanes, los “Diálogos Sociales, Reforma
Tributaria con las personas”. Encuentro dirigido a quienes participan
de organizaciones de la sociedad civil, organizaciones sociales, gremios
y sindicatos.

Todo
nuevo gobierno, de acuerdo a sus principios y promesas electorales,
trae bajo el brazo una reforma tributaria. Algunos lo elaboran en el
tiempo de receso, tramitándola a solo 21 días de asumido el poder,
siendo promulgados a los 6 meses, como en el Gobierno Bachelet II, y
otros menos afortunados lo tramitan a los 164 días de asumir, siendo
aprobados 18 meses después como el gobierno Piñera II. Actualmente el
ministro Jackson ha declarado que el Proyecto de reforma tributario se
tramitaría el primer semestre de este año. Si estamos en la etapa de
diálogos, se visualiza prematuro, salvo que solo sirvan para decorar lo
ya diseñado.

El
blog bankinter.com, dice que: “Para que un sistema fiscal sea
considerado competitivo y neutral, debe estar estructurado de forma que
sea sencillo de cumplir para los contribuyentes, debe promover el
desarrollo económico del país y debe generar una inversión sostenible
para cubrir las necesidades”. Una combinación digna de analizar y
comparar con lo existente.

En
el actual sistema tributario, el impuesto a la renta, está alejado de
la simpleza. Es confuso, como caminar por un laberinto, sabiendo que,
si tomas un atajo, corres el riesgo de futuros perjuicios económicos.
La decisión en el inicio de actividades, en donde debe elegir un régimen
impositivo, para un contribuyente sin conocimientos tributarios, pasa a
ser un verdadero acertijo.

El régimen tributario
Propyme Transparente, que debería ser el más simple, es engorroso,
tanto para elaborar su declaración como su fiscalización. Esto porque
debes llevar un control de caja detallado, que los micro y pequeños
contribuyentes lo llevan históricamente en “la uña” sin mayor cultura de
registros. Si buscamos simplicidad, al menos en este nivel de
contribuyentes, podríamos aplicar el abuelo de este régimen, conocido
como el primer “14 Ter” que vivió entre los años 2007 al 2014. A él
solo le interesaba que a las ventas netas le restes las compras, sueldos
y otros gastos, y el resultado era la utilidad por la cual se paga
impuesto. Tan simple, que siempre lo extraño en abril.

Ahora
desde un punto de vista estratégico, el sistema tributario debe buscar
un equilibrio, entre obtener una mayor recaudación de las empresas y
personas con mayores ingresos, pero sin ahuyentar del país a los
inversionistas existentes y futuros.

Necesitamos
una recaudación fiscal que sea sostenible en el tiempo, que permita
cumplir con los programas sociales presentes y venideros, que esos
recursos pasen a ser parte del presupuesto base de la nación. Debemos
tener una visión de largo plazo, no solo un veranito de San Juan, que
después nos sumerja en la incertidumbre, como ha ocurrido en el vecindario sudamericano.

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