Esta semana nuestra querida ciudad de Punta Arenas se hizo mediáticamente famosa (nuevamente), a nivel nacional, por una discusión entre un pasajero y el chofer de un bus, de la línea 5, la cual terminó en una agresión con golpes de puños la cual, gracias a la intervención de los pasajeros, pudo terminar.
Sin embargo este hecho no es algo aislado. Recientemente, también en Magallanes, un hombre se apuñaló para no ser detenido, en el mes de septiembre, por temas de violencia intrafamiliar. Otros hechos de violencia, qué duda cabe, han sido una seguidilla de asaltos sumado a los rayados perpetrados contra el monumento a Hernando de Magallanes.
¿Qué está pasando en Magallanes? ¿Desde cuándo se comenzó a instalar la violencia como parte de nuestra cotidianeidad? ¿Qué pasó con nuestra otrora envidiable calidad de vida? Cuando, como región, comenzamos a “normalizar” la violencia tendemos a malacostumbrarnos. Magallanes y su capital regional no son reconocidas, precisamente, por ser inseguras sino por todo lo contrario. De hecho, sin ir más lejos, en el Índice de Calidad de Vida Urbana Punta Arenas ocupa el lugar número 9, lo cual evidencia que la comuna sigue siendo un buen soporte para vivir. Pero, ¿Por qué ha empeorado nuestro estándar de vida? ¿Desde cuándo comenzó a ser parte del día a día la violencia? ¿Qué está pasando en Magallanes con la Salud Mental y el estrés de las personas?
Ciertamente el número de interrogantes son infinitas y, de seguro, a las propuestas de solución acotadas. Pero debemos generar una reflexión en torno a los cambios sociales, culturales, económicos y políticos que está viviendo nuestra región. No podemos farrearnos nuestra Magallanes.
Debemos recuperar nuestros valores, aprender de nuestra historia, construir nuestro presente y repensar nuestro futuro. Magallanes tiene mucho más que aportar a Chile que sólo hechos de violencia, de sangre y de muerte. Tenemos la gran oportunidad de construir juntos una mejor región para todas y todos. Una donde seamos capaces de hacer noticia, y ser protagonistas, por cuestiones que vayan más allá de la violencia.