Para quienes nacimos en
estas australes latitudes, el recuerdo de un Punta Arenas impecable se
nos viene a la mente en todo momento. Son lindos recuerdos pero
ineludiblemente nos llevan a comparar ese Punta Arenas con el actual.
Hagamos el ejercicio:
El
centro de la ciudad está lleno de rayados en edificios consistoriales e
históricos, que aunque buscan hacer un llamado a las autoridades a
cambiar las cosas que están mal, son rayados que en sí mismos están mal,
porque muestran una ciudad descuidada, y las autoridades debería
generar las condiciones para recuperar tanto los espacios privados como
los públicos, buscando los actos administrativos que lo permitan. El
centro de la ciudad se ve abandonado y los puntarenenses lo estamos
normalizando. Las áreas verdes dejaron de serlo y son áreas amarillas
(por el color del pasto), tacos por todos lados, basura en las calles,
desarmadurías o deshuesaderos de vehículos instalados en cualquier lugar
de la ciudad, los que se ven desde las calles, cosa que por lo menos se
podría evitar obligando a los dueños a poner cercos o mallas más altas
que las pilas de vehículos que se ven. Cientos de vehículos abandonados
en las calles que son utilizados para incivilidades, caballos sueltos en
todos los espacios públicos de la ciudad, con el peligro que eso
implica, y mierda animal desparramada por calles, pasos peatonales y
parque donde nuestros niños juegan. Existe un evidente desorden en los
plazos y formas para el retiro de los residuos domiciliarios, volviendo
al método de acumular la basura en las esquinas para luego pasar a
retirarla, lo que es un evidente incumplimiento de las bases de
licitación, junto con camiones que chorrean líquido permanentemente,
dejando una estela de mal olor en las rutas que hacen.
Un
poco más arriba de todos estos problemas que están a la altura de la
vista de cualquier persona, tenemos una ciudad que está llena de cables
en desuso. Basta llegar a la esquina de Roca con Lautaro Navarro o a la
esquina de Chiloé con Waldo Seguel y podremos observar verdaderas
“madejas” de cables, de los cuales un mínimo porcentaje está en uso. Y
en esta última esquina, un edificio con una tremenda historia quemado y
transformándose en un peligro de derrumbe y accidentes para los peatones
que transitan por esa calle. Y si de infraestructura pública quemada,
qué más podemos decir del ex hospital en el Barrio Prat, lugar donde
miles de magallánicas (os) nacimos y que hemos normalizado que sea
ocupado por personas en situación de calle y quemado y rayado una y otra
vez, sin que alguna persona o autoridad se haga responsable.
Muchas
personas podrán decir que es responsabilidad de las autoridades de
turno y de las que tuvieron la responsabilidad anterior, y en esa
premisa podríamos estar de acuerdo, pero tengo que recordarle a cada
coterráneo, que fuimos nosotros (as) quienes pusimos a esas autoridades
en sus cargos, por lo tanto somos parte responsables de la pérdida del
Punta Arenas de antaño, y ahora nos corresponde a nosotros recuperarlo.