No
es la primera vez que escribimos una columna en torno a una delicada
situación que está afectando a la comuna de Punta Arenas, un hecho que
con el paso de tiempo se ha ido agudizando. A qué nos referimos, a la
proliferación de recintos clandestinos en la capital regional.
Si
bien este tipo de ilícito no es nuevo, pues a menudo se han recibido
denuncias en Carabineros y en la dirección de inspecciones municipales,
las acciones que han realizado no han tenido los resultados esperados y
los autores de estos actos están en la más absoluta impunidad.
Ante
esta realidad nos preguntamos por qué no se ha podido controlar esta
ilegalidad, por qué ni carabineros ni inspectores municipales pueden
acceder a este tipo de inmuebles, en donde, según denuncias de vecinos,
en su interior se vende alcohol e incluso droga, pero no tan solo eso,
sino que también se comercializa sexo.
Estos
clandestinos no pagan patentes, no pueden ser fiscalizados, funcionan a
cualquier hora del día sin ninguna regulación, provocando un daño
económico a los establecimientos que cumplen con todas las exigencias y
normativas legales, cuyos dueños manifiestan sus legítimas demandas para
poner control a este ilícito que está presente en Punta Arenas.
Según
las estimaciones, en la comuna existen cerca de medio centenar de
clandestinos ubicados en distintos puntos de la ciudad. Las denuncias
que han surgido en los últimos tiempos de parte de los vecinos, quienes
son testigos directos en sus barrios, indican que a sus sectores han
llegados personas que están arrendando inmuebles para tales propósitos,
los cuales, por falta de regularización legal, operan ilegalmente.
Esta
impunidad está “amparada” por un vacío legal, pues ni carabineros ni
inspectores municipales pueden acceder al interior de estos inmuebles.
La razón es que al tratarse de una propiedad privada y aunque existieran
pruebas evidentes de lo que está ocurriendo, sin una orden judicial no
se puede ingresar.
Hace un par de semanas, a través de un video, Punta Arenas dio la vuelta al mundo tras un hecho acontecido
a pocas cuadras del centro de la ciudad, momento en que un sujeto cae
desde un segundo piso de un inmueble, en donde, de acuerdo a los
antecedentes, funciona un local clandestino dedicado a la prestación de
servicios sexuales. Para muchos al ver la imagen la situación provocó
muchas ironías, pero distinto hubiese sido si esta persona, producto de
la caída, hubiese tenido consecuencias fatales.
Qué
hacer entonces, creemos que la palabra la tienen los legisladores, pues
se debe hacer una modificación legal que permita, tanto a carabineros
como a los inspectores municipales, poder acceder a un inmueble sin una
orden judicial al momento que se manejen los antecedentes sobre el
funcionamiento de un clandestino, de lo contrario la proliferación
seguirá presente y no tendrá retorno.