Que haya servido para algo

Un necesario cambio de gabinete para presentar una nueva cara y, que los nuevos titulares hagan calle y no observen la realidad desde la estratósfera como sus antecesores, es un inicio. La Marcha más Grande de Chile llamó la atención a todos y no debe olvidarse que es el grito de la sociedad civil en contra del sistema político, sus integrantes y los estancos estructurales de una constitución pétrea al cual se aferran sus partidarios como si fuera la Biblia. Resulta patético escucharlos hacerse parte del movimiento, repitiendo hasta el cansancio que “han oído el mensaje” o intentando subirse al carro sin haber sido invitados. Las medidas anunciadas son insuficientes.

El pueblo quiere más, mucho más. El sector político intentará jugar con la expectativa general y la rebaja de la dieta dolerá. Acostumbrados a ella van a querer mantenerla. Que no le alcanza (Moreira y JVR), que es una miseria, que menos puede atraer a malos parlamentarios (Mónica Pérez, periodista) es seguir insultando a la sociedad. Si no pueden, busquen otro trabajo. Falta la voluntad de renunciar a parte o el total de las pensiones derivadas del cargo de los ex presidentes y otros que se asignaron ese beneficio. Está en el tintero y puede pasar desapercibidos.

El cambio estructural del sistema previsional aunque el sistema tambalee, es fundamental. El TC tiene una granada en sus manos. Su fallo sobre el caso de la profesora amenaza con detonar un tema gravísimo. Si lo rechaza golpeará como esquirlas que dañarán a millones de trabajadores en el alma de Chile. Todavía quedan pendientes los temas de salud, medicamentos, educación, AC y varios más que, por espacio en esta columna, no podemos desarrollar, pero respecto de ellos no puede haber una desatención, minimización u olvido. Ya es grande el problema y no se puede agravar más.

Escuchar a la gente es bueno, pero hay que entender lo que se está diciendo. De otro modo volveremos a la vieja práctica de los contubernios cupulares donde nadie quiere perder. Los que están no quieren que se les quite el piso económico y de duro conservaturismo en que se enmarcan y los de afuera como gato en la carnicería esperando la sangre del cordero. Basta de arreglines y vergonzosas peleas en el parlamento. La calle los observa y ese comportamiento debe servir para no caer en la tentación de reelegirlos.

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