En
esta segunda columna había pensado desarrollar un tema diferente; pero
creo importante insistir en el mismo de la columna anterior debido a la
trascendencia que tiene para muchísimas familias de nuestra región:
Frecuentemente vemos en las noticias que fulano fue condenado a arraigo
regional tras haber cometido o estar siendo investigado por algún
delito. Se toma esa medida para evitar que el imputado salga de la
región y asegurar así que esté disponible para la justicia; es decir,
queda “preso” en la región. Pues bien, resulta que los magallánicos que
no tienen los medios para pagar un siempre caro pasaje aéreo o la suerte
de conseguir un cupo en el ferry al norte, están precisamente en esa
situación, no hay forma de salir de la región para, por ejemplo, ir a
visitar parientes en la Patagonia Argentina o irse por tierra de
vacaciones al Norte: estamos presos.
Es
una situación discriminatoria pues afecta arbitrariamente a parte de la
población del país: los magallánicos que no pueden ejercer su derecho
al libre tránsito, empeorada por la componente económica que la hace más
gravosa a las familias más carenciadas.
El
cierre de fronteras terrestres, apenas morigerado por un tibio y
todavía incierto anuncio de apertura parcial de un paso fronterizo menor
y bastante incómodo para la gran mayoría de los potenciales viajeros,
claramente no tiene sustento alguno, porque no tiene sentido mantener
fronteras cerradas si al mismo tiempo se puede – bueno, algunos, como se
mencionó más arriba -entrar por aire o mar; salvo que se nos quiera
hacer creer que el contagio discrimina en qué tipo vehículo se viaja, o
que se atenúa a partir del 1 de Enero, o quizás qué otra explicación
absurda ¿o será que el virus no llega hasta Ultima Esperanza y es más
activo en Monte Aymond?
¿Qué
hemos hecho para merecer esta pena de arraigo regional? Pues nada, ni
nosotros, ni nuestras autoridades. Peor aún, en una suerte de síndrome
de Estocolmo forzado, pareciera que debemos estar agradecidos por el
anuncio de una posible próxima apertura, como si se tratare de una
exitosa gestión de la autoridad que nos cuida, siempre pendiente de
nuestro bienestar cual perfecto “gran hermano”. Peligroso es que nos
acostumbremos a “vivir con permiso”, resignando poco a poco nuestra
libertad en áras de un supuesto bien común. Temo que por ese camino
avancemos hacia consolidar un totalitarismo tan propio de fracasados
regímenes que pareciera algunos añoran; tal vez sea porque nos gusta que
nos controlen…
Es
urgente que vuelva a prevalecer la cordura, tenemos que recuperar
nuestra vida normal; se podrá discutir si la virulencia es mayor o
menor, o lo podrán bautizar al virus con todas las letras del alfabeto
griego o sumerio, que para efectos prácticos da lo mismo; ya no están
los hospitales saturados ni la mortalidad es hoy realmente relevante, de
hecho en Magallanes en los últimos meses se ha muerto más gente por
culpa de conductores borrachos que por Covid – y no se ve a nadie
pidiendo que se deje de tomar o de manejar.