Lo
dijeron a los 4 vientos, no hubo nadie que no los escuchara y se
comprometieron frente a todo Chile. Hablo de los personeros de los
partidos de derecha (salvo Republicano, que siempre mantuvo su tesis que
no había que cambiar nada); los presidentes de la UDI, RN y Evópoli
hicieron durante meses su campaña en rechazar para hacer un nuevo
proceso constitucional.
Ya
al siguiente día del plebiscito de salida comenzaron a matizar sus
posturas, incluso senadores y diputados de sus colectividades anunciaban
que ellos no eran parte de ningún tipo de acuerdos y que este no era el
momento de comenzar un nuevo paso democrático que nos permita cambiar
la actual Constitución.
Lo
dijimos en campaña, el rechazar es entregarle la llave y el manojo
completo a la derecha y bailar a su sombra, a su ritmo. Así lo han hecho
saber, sin miedo. Incluso ir más allá, como el senador y presidente de
Renovación Nacional, Francisco Chahuán, que el martes decía en una
entrevista en TVN que “nosotros sí podemos decirle al Gobierno qué
tienen que hacer, porque el Gobierno es minoría”, desconociendo que
sobre el 55% de este país eligió al Presidente Gabriel Boric con un
programa transformador que hoy quieren frenar de facto.
Durante
todos los spots, debates y salidas comunicacionales, los líderes de la
oposición se escondieron detrás de gente común y corriente y de los
descolgados de la centroizquierda que iban por el Rechazo, porque
argumentaban que era una respuesta ciudadana, lejos de los partidos y
transversal.
Pues
bien, ya con el resultado en el bolsillo, han salido a marcar el ritmo,
a negarse a asistir a reuniones para avanzar en el proceso actual,
generando una gran incertidumbre en las y los chilenos, olvidándose que
el 78,27% de las y los ciudadanos dijeron que no querían seguir con la
actual Constitución de Guzmán y Pinochet. Es más, un 78,99 dijo que
quería que la futura Carta Magna sea redactada por un órgano externo.
Ganó
el Rechazo de forma inapelable, sin dudas. La propuesta que votamos a
comienzo de mes no fue de conformidad popular; pero eso no da el derecho
a “llevarse la pelota para la casa”, como lo hacen hoy los partidos de
Chile Vamos.
Deben
tener cuidado, a no emborracharse con este punto político que están
haciendo, porque es la ciudadanía la que los está mirando y entendiendo
que han tratado de diluir un proceso que ustedes mismos han vociferado
que estaban dispuesto a concurrir.
El
llamado es a dejar de lado los intereses personales y decir la verdad.
Está en juego nuestro futuro, la poca credibilidad del sistema político
que aún queda no pueden destruirla por completo. Las y los chilenos
esperamos que lo más pronto posible se abra una nueva etapa que deje
atrás los dolores del pasado; que nos permita juntarnos como
compatriotas, que asiente las bases para tener más dignidad y un mejor
vivir.
De eso se trata la política.