¡Qué noche más larga!

Cierto,
muy cierto. ¡Qué noche más larga esta! Y no me refiero a la recién
vivida el sábado recién pasado por disposiciones o normas de diversa
consideración. ¡No! A la noche que me refiero es, en sentido metafórico,
aquella cuya fecha exacta de inicio puede variar para algunos, pero
podemos concordar más o menos que en Chile fue a mediados de marzo de
2020, sí, ¡a mediados de marzo! El 16, para muuuuuchos. Ese día nos
apuraron en el retorno a nuestros hogares, nos autorizaron a muchos a
retirarnos temprano, que tomáramos ciertas providencias todos, en
especial los de cierta edad, que estuviéramos atentos a indicaciones por
correo electrónico o a llamadas telefónicas en nuestros móviles (que
desde ese momento pasó a ser el medio de contacto de “ida y de regreso”
con los jefes y entre pares, se construyeron grupos de contacto por
aplicaciones de mensajería, por ejemplo). Es el caso de muchos, nuestro
número telefónico pasó a ser de dominio público, ya no más privado o
personal, culpa nostra est! ¿Por qué digo noche más larga? Porque a
ratos vivíamos en las tinieblas, muchas sombras, encierros, cuarentenas,
aprendizajes, atentos a informaciones oficiales, casos y más casos, de
Chile y de países americanos, europeos, de otros continentes, también.
Comparaciones de récords, de todo tipo, y de los más trágicos, incluso.
¡Qué noche! ¡Qué noches! Todos sabían, todos opinaban, todos creían
saber de las causas, de los causantes, todos “sabían” de cómo salir de
esta pandemia, ¡qué manera de aflorar opinólogos, sabiondos,
especialistas, y políticos también, la cuestión era opinar, y estar en
pantalla. ¡Los cronogramas, las cartas Gantt se fueron a la miércaleh!
Incluso, las fechas correspondientes a consultas o escrutinios públicos,
votaciones, elecciones, plebiscitos. ¡Qué noche! ¡Qué noche más larga! Y
no se veía el día en que… Que la meseta, que la curva, que hay que
aplanarla, que ya se aplana, que los números no dan, que sí dan, ¡uff!
Opiniones van, opiniones vienen. Acusaciones se anuncian,
interpelaciones, ¿¡por qué, no!? ¡Qué noche! Y la luz no se veía, pero…
¡Noticias! Las vacunas, los ensayos, las pruebas ya han dado con lo
cierto. ¡Habemus vacuna! ¡Habemus para Covid-19! Eso se anunció a
mediados de julio de 2020. Y no fue un laboratorio, fueron dos, tres,
cuatro, y unos más. Y ya se anuncian posibles calendarios de vacunación
masiva. Y fue… ya en diciembre de 2020. ¿Quiénes primero? ¡A poner
orden, se ha dicho! Y ha funcionado, para muchos. ¡Qué noche más larga
para algunos! Positividad comprobada, hospitalizaciones largas,
recuperaciones lentas, fallecimientos de seres queridos, familiares,
amigos, despedidas que no pudieron ser como quisiéramos. Triste, triste,
verdaderamente. Condolencias a todos quienes han padecido este
tránsito. ¡Un abrazo cordial! ¡Qué noche más larga! Eso les he dicho a
algunos amigos, cuando ahora en marzo hemos vuelto a cierta
presencialidad en las obligaciones laborales y profesionales, con un
sinnúmero de prevenciones particulares, las de nuestras instituciones,
sumadas a las consabidas de los primeros días, distancia social, uso de
mascarillas, alcohol gel, control de temperatura en ciertos entornos, y
suma y sigue. ¡Qué noche más larga! En algunos lugares, incluso de
nuestro país, ya se atreven a disponer que el uso de mascarilla está de
más. ¿Ya será, será? ¡Pasito a pasito, despacito!, dicen por ahí,
incluso le sacaron melodía y ritmo. Ya viene el día, ya asomará para
todos. ¡Tranquilos!

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