Todo
comenzó por 30 pesos en el alza del metro. Luego, era un grito nacional
contra el sistema de fondos de pensiones. Al tercer día era un canto de
los estudiantes, que se rebelaron contra los altos aranceles que
conlleva la educación superior; al día siguiente no hubo alguien que no
crea cierto exigir que el acceso a las prestaciones de salud sean menos
costosas y, por ende, mas dignas… y así, los primeros días de un
profundo “estallido” escuchábamos demandas ciudadanas legitimas que
genuinamente pertenecían al “pueblo”. Sin embargo, y para sorpresa de
quienes seguíamos estas manifestaciones sociales tan verdaderas y cuyo
comentario era obligatorio en nuestras casas, todo se fue transformando
en una demanda que no vendría a dar soluciones inmediatas ni a cambiar
las cosas, dando espacio a una sola canción que se cantaría por todo
Chile cuyo coro sería “una nueva Constitución”.
De
allí, el conocido proceso plebiscitario junto con la elección de
nuestros representantes, para dar inicio a la redacción de nuestra
“anhelada” nueva Carta Fundamental, cuyo trabajo en mano de los
constituyentes ha cumplido un mes. Así pues, a un mes desde el
funcionamiento convencional, muchos nos preguntamos ¿cuál ha sido, hasta
aquí, el concepto de unidad y trabajo NACIONAL al que fueron
convocados? ¿Dónde queda el trabajo en equipo para resolver casi con
varita mágica aquellas demandas que la misma gente que salía a las
calles les entregó como responsabilidad en esta misión de redactar el
próximo marco legal más importante de nuestro país? Hago estas preguntas
porque todos quienes hemos seguido el trabajo de la Convención, solo
escuchamos comentarios (muchos de ellos vergonzosos y sin fundamento)
que parecen más bien de una guerra entre trincheras, esas trincheras que
no representan el deseo para el que fue creada la Convención, porque
los bandos representan a la vieja clase política, esa que durante 30
años no fue capaz de resolver problemas más allá de los conflictos entre
sus sectores, que parecía solo hacia la prensa, porque en la interna
“comían todos de un mismo plato”… Y digo esto, ya que la discusión no se
ha centrado en aquellos puntos que conectan el malestar nacional, sino
en aquellas diferencias que separan a los convencionales por sus
profundas diferencias ideológicas, que siendo válidas, no pueden cegar
el destino para el que fueron requeridos.
Basta
ya de divisiones básicas como que “la derecha le quiere quitar dignidad
a la Convención”; al votar en contra del aumento de asignaciones, o de
censuras internas a algunos miembros (como la ocurrida en la Comisión de
DD.HH, bajo la frase “la izquierda se apoderó del proceso
constituyente”, porque esto NO SE TRATA DE DERECHAS NI DE IZQUIERDAS, y
exijamos con poder soberano a nuestros convencionales, a los que solo le
quedan ocho meses de gestión, más respuestas y acuerdos en pro del bien
común y de la unidad, mayor trabajo en cuanto a la redacción y menos
pantalla a división y peleas sectoriales.