La
Región de Magallanes y Antártica Chilena pasa por una crisis en la
atención de salud mental. Han salido muchas voces a hablar al respecto e
incluso 16 jefes de áreas dentro del Hospital Clínico de Magallanes han
reconocido las graves deficiencias
y las carencias con las que cuenta el principal centro asistencial de
la zona más austral del país. Tras la pandemia de Coronavirus que nos
afectó por más de dos años nos debe dejar muchas lecciones que en
nuestra región debemos aprender, porque estamos alejados de los grandes
centros médicos y anhelamos la presencia masiva de especialistas. El
exministro de Salud Jaime Mañalich lo dijo en una publicación de Diario
El Pingüino: “El Coronavirus pudo haber llegado a Chile a través del
brote de los cruceros, por Magallanes”. Meses después los infectólogos
de la región lo reconocían e incluso se aventura que pudo haber estado
en la región en enero de 2020 y que acá podría haber habido casos cero.
¿Y qué hemos aprendido de cara a una posible nueva pandemia? Nos falta
sacar muchas lecciones. En el ámbito organizativo es claro tener en
consideración que se pudo haber hecho mucho antes una estrategia de
trazabilidad de los casos de Covid-19 con la red de atención primaria.
Un aspecto positivo es haber aprendido que hasta que la vacuna contra el
Coronavirus no hiciera suficiente efecto, el respeto a las cuarentenas
debe ser absoluto. Saber administrar las residencias sanitarias para
aislar a los enfermos. Un tema pendiente es que se pueda aclarar bien el
protocolo por lo ocurrido con las clases presenciales, que perjudicó
fuertemente a nuestra educación y nos dejó un retroceso de más de una
década. Un aspecto a mejorar es la posibilidad de aportar desde la Mesa
Social y desde diferentes mesas de científicos y expertos al diseño e
implementación de la política sanitaria y económica para el
enfrentamiento integral de una pandemia. Se debe aprender la lección de
la urgente necesidad de mejorar la comunicación efectiva, que permita
tener el sentido de urgencia para que las personas puedan cumplir con
las indicaciones de la autoridad sanitaria. Y en ello se debe hacer un
mea culpa de la falsa sensación de que ya habíamos pasado la peor parte
de la pandemia nos hizo mal para valorar el efecto de nuestras conductas
personales. En Magallanes, el mejor ejemplo fue la segunda ola que fue más dañina que la primera.