Que se Aggiornen

De acuerdos a estudios de la realidad política y social de Chile más de un 68 % de las personas aprecia y valora la democracia y su pleno ejercicio.  Demos (pueblo), cratos (poder), “el poder del pueblo”.  Como referencia solamente, recordemos que la  Constitución francesa de 1958, en su artículo 2, expresa “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, recogiendo la histórica expresión de Abraham Lincoln.  En términos retóricos pareciera ser un supuesto de realidad mínima para el desenvolvimiento armónico  y justo de una sociedad que se autodetermina a través de esta forma de gobierno. También se ha expresado que la democracia, es “el régimen en el cual libremente una mayoría popular determina la orientación y asume el control del gobierno y la legislación” (Marcel Prélot). Pero esta soberanía que reside en el pueblo, debido a las complejidades de nuestra sociedad moderna, ha sido  delegada en representantes, dando origen a la democracia representativa, que manifiesta signos de crisis en diferentes partes  del mundo.  Más aún, se ha debilitado paulatinamente en países como el nuestro. La indiferencia ciudadana expresada en la abstención, llego el año 2017 a un 53,35 %. Con fenómenos como este se  corre el riego que los representantes sean elegidos por unos pocos que deciden por los demás. Además se agrega otro factor de deterioro, en las comunas de mayor ingreso económico la participación es abiertamente más alta y en términos etarios, la participación más alta es la de ciudadanos cuya edad fluctúa entre los 65 y 69 años. Las democracias se van debilitando en la medida que los ciudadanos son fuertemente invadidos por un sentimiento de vacío, una visión de que todo da lo mismo,  participen o no, su realidad no cambiará. Una sociedad que desde los primeros años de la enseñanza formal viene ignorando la formación y fomento de la participación en las decisiones políticas, empobreciendo  el currículo escolar, disminuyendo las horas o eliminando asignaturas que enseñan a valorar nuestros los procesos sociales (historia y filosofía), formando ciudadanos no pensantes con aspiraciones muy concretas y  de corto plazo. Puedo estar cometiendo un error, pero no logro avizorar salvo contadísimas excepciones, una llamada clase política que este preocupada  de incentivar  la formación y participación en las decisiones políticas, solo se aprecia preocupación  basada en el cálculo pequeño, tendiente al  logro lectoral para asegurar a como dé lugar, mantener el cupo y renovar el periodo de representante, que en muchos casos ya supera lo prudente y sano para un sistema democrático. Un poco de verdad, de mentira y ciertas dosis de descalificaciones, suelen ser los componentes del discurso en cada ejercicio electoral, por lo cual surge la duda que la crisis, sea del sistema de gobierno, sino que de los  actores y de su estructura – los partidos- , que actúan plenamente desconectados de la realidad.  Si la crisis fuese  de la democracia representativa, deberíamos cambiar el sistema e ir a una democracia directa, como sugieren unos, o hacia una expertocracia, como dicen otros. Pero si la democracia está bien y son los partidos y sus actores los que están en crisis, bastaría entonces  con arreglar a estos últimos. A la luz de los acontecimientos el mandato del pueblo debería ser,  que se “aggiornen” o desaparezcan, o bien que  surjan partidos que no le tengan miedo a la democracia,  que no sientan que es pecado conversar, consensuar y ponerse de acuerdo. Ante el ejercicio democrático del 26 de abril, se extraña una expresión verdadera, tendiente entregar un mensaje permanente, objetivo y formativo que exprese fielmente  la importancia del plebiscito, para que los cuídanos libremente decidan su preferencia. Todo queda en manos de la improvisación de organizaciones espontaneas de la sociedad, que representativas o no, despliegan sus acciones y mensajes ya comprometidos.

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