¿Qué se rechazó cuando se rechazó?

Responder
con precisión de relojero esta pregunta es indispensable de cara a la
discusión que presenciamos en el ágora. De la respuesta que den los
actores políticos sabremos el camino que desea emprender cada uno y a
dónde desea también llevar la discusión pública. A un mes del plebiscito
es posible apreciar un apresuramiento o atolondronamiento en las
fuerzas políticas. O de otra manera: dado que recién están comenzando a
masticar los resultados del plebiscito, de sabor amargo para muchos de
ellos, no se explica razonablemente por qué desean engullirse de
inmediato el plato siguiente. Sin duda estos comensales puede terminar
con un agudo dolor estomacal al comer el segundo plato sin siquiera
terminar de masticar el primero. Vemos por un lado al Gobierno que
insiste en ser parte y protagonista de la discusión constitucional. Se
resiste a darse por gran perdedor en la justa plebiscitaria. Lo curioso
en esto no es que aquel realice estas maniobras, sino que la oposición
no esté tratando al Gobierno como parte de los perdedores, aceptando sin
mayores cuestionamientos el desplante que hace el Presidente y algunos
de sus Ministros en este tema. Y todo esto teniendo como telón de fondo
la nula autocrítica a su desempeño, como a la soberbia y arrogancia del
Presidente de la República que nos notifica que él es un adelantado a su
época; que los demás no tienen la capacidad de acompañarle en sus
brillantes y vanguardistas ideas; que los chilenos no entendimos lo que
él y sus adláteres quieren de bondadoso para este país y que plasmaron
en su fracasada Constitución. ¿Qué entonces se habría rechazado para
este Gobierno? Quizás en su mirada, un texto futurista; quizás una
Convención un poco desordenada; quizás nada y sólo fue la derecha que
logró imponer sus mentiras a un pueblo incauto, según el gen victimista
del Gobierno. Como sea, este Gobierno sigue actuando como si nada
hubiera pasado el 04 de septiembre, con la agravante que se le deja
demasiados espacios para estos despliegues. A los partidos de gobierno
se les aprecia premura para dejar atado y bien atado el tema
constitucional. Incluso ya dan fecha para el próximo plebiscito:
diciembre del 2023. Cuando aún resuenan los ecos del Rechazo, este
bloque está empeñado en “hacer perro muerto” y evitar pagar los costos
de haber sido pendoleros de un proceso y un texto repudiado por la gran
mayoría del país. ¿Qué se habría rechazado para estos partidos de
gobierno? Quizás las excentricidades de la Convención; quizás la
plurinacionalidad y el fin del Senado. No se les ha escuchado para
explicar el Rechazo mucho más allá de estas razones. Para los partidos
de Chile Vamos serían el texto y el proceso lo que se rechazó, mas no la
necesidad de tener otra Constitución. De ser así lo que no se entiende
es porqué se deja tanta cancha libre al Gobierno y a sus partidos para
imponer sus términos en plazos y en contenidos. La oposición es parte de
la fila de los ganadores y sin embargo, parece arrinconada muchas veces
por las fuerzas adversarias. Como en política el parecer es muchas
veces más importante que el ser, el desempeño de la oposición está
siendo seriamente cuestionado por sus militantes y simpatizantes.

Existen
otras fuerzas de derecha, extra parlamentarias, que entienden que se
rechazó el texto, el proceso y la idea siquiera de tener otra
Constitución. Con esto en mente actúan para que las cosas permanezcan
sin mucho cambio y ponen énfasis en no seguir con la discusión
constitucional y abocarse a los problemas reales de la gente, al más
puro estilo lavinista.

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