Cuando
nos referimos a la libertad, sobre todo en materia política, hay
sectores que parecen entenderla e interpretarla a su arbitrio. Así,
algunos sectores mas de izquierda, parecen solo concebir el sentido
valórico de la expresión, limitando entonces la libertad económica
dentro de un Estado de control, de un Estado poderoso que se hace cargo
de nuestros recursos, pero que entregando plena autonomía en nuestras
decisiones valórico-personales, disfrazan su actuar en un falso concepto
liberal y en una bandera de libertades que no es tal, porque vendrá a
limitar otras decisiones personales como la administración de fondos sin
intervenciones; la libertad de enseñanza para nuestros hijos y qué
sistema de educación elegiremos para ellos; autonomía en decidir
nuestros planes y programas de salud en un sistema público o privado,
entre tantas otras libertades que parecen obvias, pero no lo son para
quienes buscan precisamente tener algo más de control en nuestros
bolsillos.
En
la otra vereda, en cambio, hablan con decisión sobre la importancia de
que cada chileno y chilena destinen sus recursos como mejor crean dentro
de una administración familiar y personal, con un claro rol donde los
privados son agentes de la economía nacional, y a través de grupos
intermedios, buscarán satisfacer las necesidades que irán creando las
personas, con un Estado que solo observa, y que vendrá a intervenir
cuando esta función privada sea deficiente o no cumpla su propósito,
¿pero sobre libertades personales? Parece que poco y nada… y eso que,
aun cuando estamos próximos a cumplir 100 años de haber separado a la
iglesia del Estado, parte de los sectores más conservadores, siguen
legislando con la biblia bajo el brazo.
Hablemos
entonces de libertades reales: aborto como una discusión que le
corresponde a las mujeres, pues son ellas quienes mayor trabajo y
responsabilidad llevan en maternidad, sobre todo con una paternidad tan
irresponsable, en una lamentable realidad nacional donde la
corresponsabilidad es escasa. Que sea un debate de mujeres, pues son
ellas quienes cargan con el dolor de un embarazo no deseado, o con
inviabilidades que hacen insostenible soportar hasta el término
gestacional para que finalmente el nacimiento signifique muerte en vez
de una nueva vida. Hablemos también de matrimonio igualitario, donde no
existan dos instituciones que pretenden regular lo mismo, haciendo
iguales términos como cónyugue y conviviente civil, dejando fuera
importantes derechos que propenden efectivamente a la igualdad y equidad
legal; porque ya hay norma expresa que nos define como libres e iguales
en dignidades y derechos, aun cuando vivamos derechos para algunos y
excepciones para otros, pues para quien suscribe, el acuerdo de unión
civil solo es un “parche” excepcional que busca “dar paz” a una batalla
que a la fecha, no debería siquiera ser objeto de discusión. ¿Usted no
cree en el aborto? Despenalizarlo no le obliga a abortar si sus
principios son otros; pero permite que alguien que necesita hacerlo, lo
haga en un centro asistencial dirigido, y no sigamos lamentando muertes
por procedimientos que se realizan ocultos en clandestinidad. ¿Está en
contra del matrimonio igualitario? No vendrá el Estado a exigirle que se
case con una persona de su mismo sexo… solo es un camino para
restablecer dignidades y permitir a quien así lo estime, sea feliz de la
mano de quien le acompaña en la vida.
La
libertad busca la realización material, personal, propia y efectiva en
cada ser humano. No pude subsumirse solo en efectos económicos, o solo
en supuestos éticos y morales, porque ser libres implica también ser
capaz de decidir sobre aquellas cosas que mueven al Estado, entendiendo
que de él, todos somos parte.