¡Que todas las escuelas vuelvan al estado!

El Gobierno aprobará un proyecto de reforma educacional, sin nuevo financiamiento, sin respuesta a los problemas reales de los niños y jóvenes del país, desafiando la inteligencia de los trabajadores, pero con urgencia, sin reforma la NM se despide de la carrera presidencial. Los votos de moros y cristianos estarán, el contenido, lo de menos. En realidad da lo mismo, la gran mayoría de los chilenos ya perdió la confianza y sólo valora la gratuidad como el gran logro de este Gobierno, nunca han estudiado más alumnos gratis en la educación superior que en este periodo. Ese es el camino. Los fundamentalistas destilan amargura y la ocultan tras consignas. ¿Qué es eso de educación gratuita para todos?, ¿por qué los más pudientes no deben pagar mas?

¿Acaso se iguala la cancha con gratuidad si todos no tienen las mismas oportunidades para el pan, techo y abrigo fuera de Punta Arenas? La real diferencia para muchas familias no está en el valor de la matrícula, o en el CAE, sino en como satisfacer las necesidades de pasaje, alimentación y estadía fuera de la región. La gratuidad universal es una falacia, sólo favorece a los sectores de mayores ingresos, los demás siguen sin oportunidades reales por sus malos puntajes, obtenidos en establecimientos que proporcionan mala educación. En realidad sostener que la educación es también un bien de consumo, no es sino destacar que la buena educación es escasa y por eso tiene un valor. La educación como derecho social no hace sino compensar las desigualdades que existen entre las clases sociales, con la intención de proteger a las personas que por sus carencias no pueden acceder a una educación de calidad, de no mediar la acción del Estado.

El ex ministro de Educación Jorge Arrate Mac Niven (1992-1994), amplió el copago a los establecimientos subvencionados, bajo el principio que a mayor ingreso mayor aporte, abriendo la posibilidad que se crearan nuevos establecimientos educacionales con libertad de proyectos educativos. Al menos quienes no hemos renegado de ese periodo de nuestra historia, valoramos lo hecho. Por supuesto, como en todo proceso de cambios, existen externalidades negativas, pero de allí a sostener que se requiere una retroexcavadora para demolerlo todo y lanzar la educación al vacío, es otra cosa.

No es democrático retornar todo al Estado, una sociedad libre no avanza en el sentido que indica la consigna que vociferaban los estudiantes en las graderías del Congreso, azuzados por el líder del Colegio de Profesores, señor Jaime Gajardo. ¡Que todas las escuelas vuelvan al Estado! Este es el camino mas corto a la mediocridad y potencia la educación como bien de consumo, al final la educación de calidad se hará cada vez más cara e inaccesible. La gratuidad universal es un norte ético, no un derecho actualmente exigible. Afortunadamente, los partidos políticos no son fuente de verdad, sino sólo corrientes de opinión, las interferencias y contracorrientes son deseables, máxime si apuntan en el sentido de focalizar el gasto público y aportar más a quienes más lo necesitan.

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