¡Qué viva la libertad de expresión!

El
lunes 4 de enero, el columnista de este diario, Alejandro Riquelme,
tituló un escrito de su opinión con las palabras “Una generación de
maricas”. En ella citaba una frase de Clint Eastwood, quien acusaba que
el pensamiento “políticamente correcto” se está tornando cada vez más
asfixiante para la democracia, al punto que muchas personas ya no pueden
expresar en público lo que piensan en privado, por miedo a la reacción
pública. También señalaba que diversos grupos sociales minoritarios, en
nombre de su propia vulnerabilidad y la corrección política, están
aprovechándose de esa

situación para exigir privilegios sociales, por lo que Riquelme
señalaba que había llegado el momento de rebelarse contra esta situación
que calificaba de nefasta para la democracia.

Al
día siguiente, el Consejo Regional Magallanes del Colegio de
Periodistas, la misma entidad que debiera velar por la libertad de
expresión, emitió una declaración en la cual acusó no sólo a Riquelme de
encender discursos de odio, sino que cuestionó a este diario por
publicar esta columna y apoyó “la urgente necesidad de una ley que
regule la difusión de mensajes de odio en espacios de difusión como
portales de noticias y redes sociales”. Riquelme respondió que el gremio
no leyó su columna.

La
corrección política se ha tornado en un tema relevante para la
democracia. “El problema aparece cuando esa corrección se eleva a la
categoría de verdad y no se relativiza ‘lo correcto’ como algo
contingente, complejo y necesitado de reflexividad

(Jackson, 2011). El pensador español Jacobo Calvo agregó: “Si se deja
esta cuestión de lado se estaría cayendo en el dogmatismo y en el
intento —por lo demás imposible— de clausurar el debate y, ahí sí,
clausurar la democracia, entendiendo por democracia la
institucionalización del conflicto político. Es decir, estaríamos
extirpando la posibilidad de redefinir lo correcto y lo incorrecto; de
construir sentido”.

Calvo
concluye que la transgresión no deja de ser algo necesario para
“cambiar” la política; lo que no implica que toda transgresión sea para
bien. “Lo más desaconsejable no es la transgresión, sino rehuir los
argumentos transgresores del adversario desde el desprecio de una
supuesta y autosuficiente superioridad moral”.

Las
palabras del Colegio de Periodistas de Magallanes, embebidas de esa
misma superioridad moral, encierran una tentación totalitaria que, como
medio regional e independiente nunca aceptaremos, porque la primera
línea de defensa de una democracia ante cualquier totalitarismo o
dictadura, siempre será la libertad de expresión que el Colegio de
Periodistas insiste en no cautelar.

Es
bueno recordarle al Colegio de Periodista de Magallanes que desde hace
12 años Diario El Pingüino abrió sus espacios a columnas de opinión,
cuyo contenido es de exclusiva responsabilidad de quienes las escriben y
no representan el pensamiento editorial de la multimedia, pero son
absolutamente respetados como todos los credos y religiones. También es
bueno que sepan que Pingüino Multimedia es el medio informativo a nivel
nacional que en sus medios escritos tienen la mayor cantidad de
columnistas, respetando absolutamente pensamientos, ideologías y
creencias. En la actualidad hay 35 columnistas (en el medio escrito) y
ocho panelistas (en nuestros noticiarios de radio y televisión) que
todas las semanas expresan libremente sus pensamientos.

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