¿Quién Gana?

En el complejo escenario político, y luego de la transmisión de la reforma de pensiones, vimos como el desenlace de esta, en un mundo paralelo, generaba celebración tanto en el gobierno como en la oposición. 

La aprobación de la idea de legislar sobre la reforma de pensiones ha desatado muestras de júbilo en ambos bandos. Sin embargo, para el gobierno la alegría efervescente se ve empañada por un hecho ineludible: se rechaza el corazón de su reforma, dejando todos los elementos en el limbo de la incertidumbre. La famosa fórmula del 3 y 3 para repartir el aumento de la cotización individual a las cuentas de las personas y a un sistema de reparto, y el Estado como eje central monopólico de administración recibieron un portazo. La fórmula del gobierno no logra mayorías en el Congreso ni en la ciudadanía, donde las encuestas, demuestran que el 70% de los chilenos quiere que los seis puntos adicionales vayan a sus cuentas individuales. 

La discusión parlamentaria por las pensiones de los jubilados no estuvo ajena de sombras, oscurecida por un espectáculo lamentable protagonizado por un diputado, que es presidente del partido del presidente de la república. Este diputado vuelve a mostrar su falta de oficio, su incapacidad política, bajo su supuesta superioridad moral. Su inmaduro comportamiento provocó un congelamiento de relaciones que complican aún más el panorama del gobierno, con votos que son dirimentes, y además que desvía la atención de los ciudadanos de los temas cruciales. 

La pregunta que resuena es: ¿cómo se celebra un proyecto de cascarón vacío? Esta situación deja una lección para los políticos: es imperativo ponerse de acuerdo en beneficio de la ciudadanía. La eficacia de las reformas descansa en la colaboración y la capacidad de superar diferencias ideológicas. 

El gobierno debe trascender su visión ideológica, renunciar a su fórmula que este miércoles claramente fracasó y abordar la reforma de pensiones con un enfoque integral que conjugue solidaridad y ahorro individual para asegurar mejores pensiones. 

Hay que pensar que ya llevamos tres intentos de reforma pensiones en los últimos tres gobiernos y nos encontramos nuevamente en fojas cero. Resulta desconcertante que, hace ya 20 años, existe un acuerdo para subir la cotización individual, y aún no se ha materializado. En medio de esta maraña política, lo único claro es que el desprestigio de la política es el verdadero ganador. La ciudadanía, desencantada y cansada de la falta de avances, observa con desconfianza cómo los intereses de un gobierno ideológico parecen prevalecer sobre el bienestar colectivo. 

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