¿Quién vive en la superficie de las ballenas?

Históricamente,
el avance científico ha progresado simultáneamente con el avance
tecnológico. Las ciencias de la vida no han sido la excepción. Por ello,
el progreso tecnológico en técnicas moleculares ha permitido reconocer
la presencia de bacterias asociadas a plantas y animales. En el caso de
los animales, tanto especies terrestres como marinas se encuentran en
constante asociación con bacterias. En ambos ambientes, las bacterias
que captan son muy diferentes entre sí. En este espacio describiremos el
reto que representa el estudio de las bacterias asociadas a uno de los
grupos más icónicos de los mares, los cetáceos. Adicionalmente,
mencionaremos algunos resultados interesantes sobre los estudios más
recientes sobre el tema.
Quizá
no exageramos cuando afirmamos que las ballenas son los mamíferos
marinos que concitan más atención a nivel mundial. Entre las especies
más carismáticas están la ballena azul (el animal más grande del
planeta) y la ballena jorobada (la más acrobática); el cachalote y la
orca son los más icónicos entre los cetáceos con dientes. En cualquier
caso, se trata de animales enormes, en sitios de difícil acceso, cuyo
estudio representa retos importantes. Para conocer el microbiota,
externa e interna del animal, se ha optado por el pragmatismo durante
los últimos años; trabajando con los aspectos más accesibles a la
tecnología actual, como la piel y el soplo que exhala, respectivamente.
Para obtener muestras de piel de ballena (para estudio del microbiota
externo), primero es necesario identificarla a través de la fotografía, y
posteriormente dispararles un dardo que logre obtener una porción de
piel. Dicha tarea requiere de mucha paciencia y destreza, pues debe
tenerse en cuenta el movimiento del animal, la velocidad del viento y de
la embarcación, así como la trayectoria del proyectil. En el caso del
soplo (para estudio del microbiota interno), la situación es diferente,
pues es necesario exponer una placa de cultivo para microorganismos al
soplo del animal, situación que es difícil en la naturaleza. Opciones
más sofisticadas, implican el uso de drones que facilitan acercarse al
animal por encima del soplo, de forma que cuando la ballena exhala, el
dron queda cubierto por la exhalación, obteniendo así la muestra.
Con
base en los métodos descritos anteriormente, se ha comenzado a entender
la relación entre las ballenas y sus bacterias asociadas. Por ejemplo,
existe una asociación persistente entre bacterias psicrófilas (que son
resistentes al frío) y la piel de las ballenas jorobadas de diferentes
océanos del mundo. En los ejemplares que suelen acudir a la región
antártica para alimentarse en la primavera-verano, la prevalencia de
bacterias psicrófilas en su piel sigue patrones estacionales. Cuando
llega el invierno, aumenta la abundancia relativa de las bacterias
psicrófilas, por el contrario, en verano, las mismas disminuyen su
abundancia relativa y aparecen otras bacterias menos resistentes al
frío. En el caso del soplo, los resu
ltados
han sido más difíciles de interpretar, pues cada ballena tiene una
comunidad bacteriana particular. No obstante, las bacterias del soplo se
hacen más heterogéneas cuando las ballenas están migrando. Lo anterior
podría dar indicios sobre la relación entre ayuno, esfuerzo físico y
salud de los cetáceos. Conforme aumenta la fatiga y la falta de
alimento, aumenta la heterogeneidad en las comunidades bacterianas del
soplo. Mientras más heterogéneas son estas comunidades, aumenta la
probabilidad de que aparezcan bacterias patógenas que pudieran
desencadenar una infección respiratoria en el cetáceo.
El
estudio de los cetáceos marinos es un área desafiante, en términos
logísticos, sin embargo, muy importante dada la coyuntura de cambio
climático que estamos viviendo. Los cetáceos son especies clave en la
trama trófica del ecosistema marino, cuya salud nos puede ayudar a
entender el estado ecosistémico de nuestros mares. Por ello, es
importante avanzar en la comprensión de las interacciones entre los
cetáceos y sus bacterias asociadas. En el Centro Regional CEQUA se están
estudiando las bacterias asociadas a la piel de la ballena jorobada en
el estrecho de Magallanes, en diferentes años. De esta forma, el CEQUA
está contribuyendo, en la medida de su capacidad, a la investigación de
la salud del ecosistema marino y a la conservación de cetáceos en la
región de Magallanes, estudiando el microbiota y el microbioma en la
superficie de nueve especies clave de la trama trófica siendo una de
ella la ballena jorobada.

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