Una
gran polémica se generó esta semana debido a la votación del Tratado
Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TPP11) en el Senado.
Ello debido a la ambigüedad del Gobierno y al interés de parte de los
partidos políticos que lo apoyan de postergar su votación.
Si
bien el Senado aprobó el TPP11, somos muchos los que consideramos que
la visión de parte del oficialismo -reflejada en la postura del
Subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales- es profundamente
equivocada y perjudicial para el bienestar de los habitantes de nuestro
país.
Antes
de referirme sobre el contenido y las implicancias del TPP11, es
necesario destacar que Chile ha firmado más de 25 acuerdos de libre
comercio en las últimas décadas. Acuerdos que han permitido que nuestras
exportaciones ingresen a diferentes países con precios competitivos,
justamente porque la esencia de dichas convenciones es permitir la
reducción o eliminación de las barreras arancelarias. Es así como hoy en
día casi un tercio de nuestro PIB se exporta hacia el mundo. El
beneficio para los chilenos es evidente, tanto desde el punto de vista
de los consumidores -que hemos podido acceder a múltiples bienes
importados a bajos precios-, como desde el punto de vista de las fuentes
de trabajo que se han creado a la fecha.
Lamentablemente,
la discusión del TPP11 ha estado marcada por las fake news y por la
falta de rigor técnico. Se ha dicho, por ejemplo, que el TPP11 limitaría
la soberanía del Estado, privatizaría a las semillas y dificultaría el
acceso a los medicamentos para los chilenos. Todas afirmaciones carentes
de sustento. Al igual que lo que ocurrió en la Convención
Constitucional, observamos que existen fuerzas políticas que desconfían
de las virtudes del comercio internacional y que cuestionan el
establecimiento de relaciones comerciales con ciertos países o regiones.
Es por ello, por ejemplo, que la Convención propuso que nuestro país
tenga como zonas prioritarias en sus relaciones internacionales a
América Latina y el Caribe. Una propuesta que era, por cierto, fruto de
la ideología y tremendamente perjudicial para Chile.
La
aprobación del TPP11 por parte del Congreso era necesaria y urgente
pues su dilación implicaba una pérdida de competitividad, ya que gran
parte de los países del acuerdo ya se encuentran disfrutando las rebajas
arancelarias.
En
dicho contexto, la decisión del Presidente Boric de no ratificar el
TPP11 hasta que “avancen” las denominadas side letters es grave por -al
menos- dos razones. Primero, porque el Gobierno ignora la magnitud de la
crisis económica por la que atravesamos. Su pronta ratificación podría
haber contribuido a mitigar en parte los efectos de la crisis (esperar
un año o más profundiza nuestra pérdida de competitividad). Y, segundo,
porque el Gobierno no ha esgrimido buenas razones para impulsar esta
estrategia.
Mariano
Fernández, excanciller de la Presidenta Bachelet, fue enfático: la
decisión del Gobierno no es buena para la imagen exterior del país. En
definitiva, la decisión de postergar la ratificación del TPP11 es un
nuevo error del Gobierno, el cual -lamentablemente- perjudicará a todos
los chilenos.